La ministra que no duerme

octubre 3, 2025

Albania ha nombrado a una inteligencia artificial como ministra de Estado para la Contratación Pública. Se llama Diella, no tiene cuerpo, no tiene primos, no cobra sueldo y según el primer ministro Edi Rama, tampoco tiene intereses personales. Su misión: garantizar licitaciones 100 % libres de corrupción. El gesto, más que técnico, es simbólico. Y como todo símbolo, revela más de lo que pretende ocultar.

La ministra que no duerme. ¿Síntoma o solución?

La aparición de Diella no responde a una revolución ética ni a una madurez institucional. Responde, más bien, a una desesperación política. Albania ocupa el puesto 80 en el índice global de corrupción. Los escándalos se acumulan, los ministros caen, los contratos se reparten entre allegados. En ese contexto, delegar en una IA no es una apuesta por el futuro, sino una confesión de fracaso. Cuando el ser humano abdica de su responsabilidad, la máquina aparece como placebo.

En España hoy sería imposible por lo que conlleva como fracaso pero si algún día nombran a una IA insomne como ministra en España, no le sorprenda si también nos salen diputados sin conciencia, concejales sin cuerpo y alcaldes sin alma. Total, ya tenemos algunos que funcionan en modo automático desde hace años.

¿Gobernanza o simulacro?

Diella no tiene personalidad jurídica. No puede ser juzgada, ni interpelada, ni destituida. No delibera, no duda, no negocia. Su existencia plantea un dilema democrático: ¿puede una interfaz asumir funciones ejecutivas sin que nadie responda por sus actos? ¿Qué tribunal revisa sus decisiones? ¿Qué garantías tiene el ciudadano ante un algoritmo?. La democracia, recordémoslo, no se funda en la eficiencia, sino en la deliberación. Y deliberar es humano.

La extrañeza de hoy, la norma de mañana

Lo que hoy parece insólito —una ministra virtual hablando en el Parlamento, proyectada en pantallas gigantes—  mañana puede ser rutina. No por virtud de la tecnología, sino por desgaste de lo humano. La IA no avanza porque sea mejor, sino porque nosotros hemos renunciado a serlo. La negligencia, la corrupatía, la falta de escrúpulos han abierto la puerta a una gobernanza sin rostro. Y lo que se presenta como modernización es, en el fondo, una forma de desresponsabilización.

La ministra que no duerme. Epílogo

Diella no es el problema. Es el espejo. Refleja una política que ya no confía en sí misma, una ciudadanía que ha perdido la fe en sus representantes y una época que prefiere el cálculo al juicio. La IA no ha usurpado el poder: se lo han cedido. Y si algún día gobierna sin supervisión, no será por su mérito, sino por nuestra negligencia.

 

La ministra que no duerme. Fotografía oficial frente a un edificio institucional con seis ministros humanos y una figura holográfica de inteligencia artificial en el centro

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