A comienzos de 1923, la monarquía de Alfonso XIII atravesaba una crisis profunda. El sistema parlamentario estaba erosionado, la guerra del Rif desgastaba al Ejército y la opinión pública percibía un régimen incapaz de reformarse.
En ese clima de descrédito institucional surgió un reducido núcleo de generales que, desde dentro del propio estamento militar, comenzó a articular la posibilidad de un golpe de fuerza. A ese grupo se lo conocería como El Cuadrilátero, denominación que aludía a su composición cerrada y a la coordinación férrea entre sus miembros.
Los cuatro generales del Cuadrilátero
El Cuadrilátero estuvo integrado por José Cavalcanti de Alburquerque, Federico Berenguer Fusté, Leopoldo Saro Marín y Antonio Dabán Vallejo, todos ellos figuras de peso dentro del Ejército español y con acceso directo a los círculos de poder de la Corte y del propio Alfonso XIII.
Su autoridad dentro de la oficialidad y su capacidad para influir en destinos, ascensos y decisiones estratégicas les otorgaba un margen de maniobra excepcional. No eran meros simpatizantes del proyecto de Miguel Primo de Rivera: fueron sus principales facilitadores.
La articulación de la conspiración
Durante los primeros meses de 1923, estos cuatro generales trabajaron para crear un clima favorable a la intervención militar. Su labor consistió en asegurar apoyos dentro de las capitanías generales, neutralizar resistencias internas y transmitir al rey la idea de que un golpe de Estado no solo era inevitable, sino deseable para salvar la monarquía.
El Cuadrilátero actuó como bisagra entre el malestar militar y la voluntad política del monarca, que veía en Primo de Rivera un instrumento para estabilizar el país sin renunciar al poder real.
El golpe de Estado de Primo de Rivera
El 13 de septiembre de 1923, el capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera, proclamó el estado de guerra y anunció la suspensión del régimen constitucional. La operación no habría sido posible sin la red de apoyos previamente tejida por El Cuadrilátero, que garantizó que las principales guarniciones no se opusieran al levantamiento y que la Corona aceptara el nuevo orden.
El golpe puso fin al periodo constitucional del reinado de Alfonso XIII e inauguró la Dictadura de Primo de Rivera, que se prolongaría hasta 1930.
El Cuadrilátero. Significado histórico
El Cuadrilátero representa un ejemplo de cómo un reducido grupo de mandos militares pudo condicionar el rumbo político de un país.
Su actuación no fue un episodio marginal, sino un engranaje decisivo en la crisis final del sistema de la Restauración. La conspiración no solo facilitó el ascenso de Primo de Rivera, sino que evidenció la fragilidad de un régimen que había delegado en el Ejército la resolución de sus conflictos internos.
La dictadura que siguió al golpe confirmó que la intervención militar, lejos de ser un remedio temporal, se convirtió en un modelo de gobierno avalado por la propia Corona.




