Hoy inauguramos una nueva sección cuyo título habla por sí solo: Gentilicios. Cada artículo será lo más conciso posible: no queremos perdernos por las ramas, sino ir directamente a las raíces.
Y esa brevedad casi lacónica, nos lleva a elegir el formato en tabla como la forma más clara de presentación.
¿Por qué damos este paso?
Gentilicios. Las procedencias
Los gentilicios son una de las puertas más antiguas y más vivas de la lengua. Condensan geografía, historia, identidad, memoria colectiva y, a veces, hasta un guiño afectivo o irónico.
Decimos zaragozano, limeño, neoyorquino o magrebí y, sin darnos cuenta, activamos siglos de emigraciones, conquistas, mestizajes, decisiones políticas, caprichos fonéticos y hábitos culturales que han ido modelando la forma en que nombramos a quienes vienen de un lugar.
Señalando el origen
En hablarydecir abrimos esta sección para indagar en ese territorio fascinante: cómo se forman los gentilicios, por qué algunos parecen evidentes y otros desconciertan, qué variantes conviven en distintos países, qué errores se han asentado por uso, qué curiosidades esconden los sufijos, y cómo la lengua resuelve —o complica— la tarea de nombrar procedencias.
Aquí convivirán análisis etimológicos, rarezas históricas, debates normativos, casos fronterizos, usos coloquiales, gentilicios imposibles, otros inventados y gentilicios que cuentan más de lo que aparentan. También habrá espacio para la duda razonable: ¿es iraní o iranio?, ¿caboverdiano o caboverdino?, ¿por qué chipriota y no chipriano?, ¿qué hacemos con los lugares cuyo nombre no parece admitir sufijo alguno?
Los gentilicios nunca son inocentes
La intención es doble: disfrutar de la riqueza del idioma y comprender mejor los mecanismos que lo sostienen. Porque los gentilicios no son solo etiquetas geográficas; son pequeñas narrativas que revelan cómo una comunidad se mira a sí misma y cómo la miran los demás.
Bienvenido a esta incursión por las palabras que nos sitúan en el mapa. Aquí empieza la sección Gentilicios: un espacio para descubrir, cuestionar y celebrar la manera en que la lengua nos da origen.

