Cesare Pavese
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
-esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo-. Tus ojos
serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.
Sobre Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
Apareció por primera vez en 1951, dentro del volumen póstumo Verrà la morte e avrà i tuoi occhi. Ese dato no es menor: el libro se publica un año después del suicidio de Pavese y funciona casi como una clave de lectura de su despedida literaria. No es un poema aislado, sino parte de un cuaderno final donde la voz se vuelve más desnuda y más consciente de su propio límite.
El poema avanza en un único bloque, sin estrofas, como si el pensamiento no pudiera permitirse interrupciones. Esa continuidad sostiene su tono: una confesión sin énfasis, pero con una claridad que desarma. Pavese no busca imágenes grandilocuentes; prefiere lo cotidiano —el espejo, la mirada, el gesto mínimo— para hablar de lo que no tiene remedio. La muerte no irrumpe: acompaña. Y lo hace con el rostro de la amada, que es a la vez esperanza y condena.
La fuerza del poema reside en la mezcla de intimidad y fatalismo. Pavese nombra la vida y la nada sin dramatismo. La repetición del verso inicial funciona como un latido que vuelve, insistente y convierte la muerte en una presencia familiar. El cierre, seco y sin consuelo, evita cualquier tentación de épica: es la aceptación de un destino que no necesita adornos.
Leído hoy, el poema mantiene su filo. No es un lamento ni una exhibición sentimental, sino una pieza de lucidez extrema. Pavese escribe con la herida, pero sin retórica. Y quizá por eso este texto breve y póstumo sigue resonando con una intensidad que no se gasta.
El autor: Cesare Pavese
Cesare Pavese (1908–1950) fue una de las voces más singulares de la literatura italiana del siglo XX. Nacido en las colinas del Piamonte, creció entre el mundo rural y la vida intelectual de Turín. Formado en filología y apasionado lector de la literatura estadounidense, trabajó como traductor, editor y crítico en la editorial Einaudi, donde desempeñó un papel decisivo en la renovación cultural de la posguerra italiana.
Su obra narrativa —de La luna y las hogueras a El camarada o Diálogos con Leucó— combina una prosa contenida con una mirada lúcida sobre la soledad, el deseo, la culpa y el desarraigo. En poesía, su voz es más desnuda: textos breves, de tono confesional, donde la intimidad se vuelve pensamiento y el pensamiento herida. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, es el ejemplo más claro de esa intensidad sin retórica.
La huella de ese poema sigue viva. En nuestro artículo sobre Cerrado por melancolía, de Isidoro Blaisten, nos referimos a que uno de sus siete relatos —Y vendrá la muerte y tendrá tus ojos— retoma el verso de Pavese como punto de partida para indagar en la intimidad y la pérdida, prueba de hasta qué punto su imaginario continúa irradiando sentido en la literatura contemporánea.
Pavese vivió marcado por la depresión, la dificultad para relacionarse y un sentimiento persistente de inadecuación. Su suicidio en 1950 no eclipsa su obra, pero sí la atraviesa: la lucidez que lo hizo un escritor excepcional fue también su carga más pesada.
Hoy se le reconoce como un autor esencial, capaz de unir sobriedad estilística, hondura moral y una sensibilidad moderna que sigue interpelando sin necesidad de grandilocuencia.




