Llega a Criminales y otros delincuentes no solo un depredador, también un sádico, un asesino contumaz que acabó como acabó. Todo en una sola persona (o lo que fuese).
Daniel Camargo Barbosa nació el 22 de enero de 1930 en Anolaima (Cundinamarca), en el interior andino de Colombia. Su infancia estuvo marcada por la muerte temprana de su madre y por un entorno familiar hostil, donde los malos tratos ejercidos por su madrastra aparecen de forma reiterada en los testimonios biográficos disponibles.
Ese clima doméstico, rígido y violento, configuró un marco emocional precario que acompañaría su desarrollo posterior.
Daniel Camargo. Formación
La formación de Camargo fue irregular y fragmentaria. No completó estudios superiores y se movió pronto hacia trabajos de baja cualificación. Durante su vida adulta ejerció como vendedor ambulante de televisores, una ocupación que le permitía desplazarse con facilidad y mantener un perfil discreto en distintos entornos urbanos y rurales.
Esa movilidad constante, unida a su apariencia tranquila y su capacidad para inspirar confianza, se convertiría en un elemento clave para la elección y captación de sus víctimas.
Actividades y circunstancias
Camargo inició su actividad criminal en Colombia durante la década de 1970, en un contexto de escasa supervisión policial en áreas periféricas y rurales. Tras ser detenido y condenado, fue enviado a la prisión de Gorgona, de la que logró escapar en 1984 utilizando una balsa improvisada, un episodio que las autoridades llegaron a dar por mortal antes de confirmarse su llegada a Ecuador.
Ese desplazamiento marcó un punto de inflexión: en territorio ecuatoriano continuó su actividad delictiva con una intensidad aún mayor, aprovechando la falta de coordinación entre ambos países y la vulnerabilidad de niñas y adolescentes en zonas marginales.
Curiosidades
La figura de Camargo, también conocido como el sádico del charquito ha generado un conjunto de detalles que ayudan a comprender su perfil. En Ecuador adoptó identidades falsas y llegó a presentarse como un hombre religioso para ganarse la confianza de sus víctimas, un recurso que aparece documentado en investigaciones periodísticas posteriores .
También llamó la atención su comportamiento en prisión: se mostraba sereno, metódico y distante, rasgos que reforzaron la percepción de un individuo calculador más que impulsivo.
Los crímenes de Camargo
Las cifras atribuidas a Camargo varían según las fuentes, pero todas coinciden en su carácter excepcionalmente prolífico.
En Colombia se le relacionó con múltiples asesinatos de niñas y adolescentes, y en Ecuador se registraron al menos 71 casos reconocidos por él mismo, aunque las estimaciones superan ampliamente el centenar y llegan a situarlo por encima de las 150 víctimas en ambos países .
Su modus operandi combinaba engaño, agresión sexual y estrangulamiento, seguido del abandono de los cuerpos en zonas boscosas o de difícil acceso. La reiteración, la selección de víctimas vulnerables y la frialdad en la ejecución consolidaron su reputación como uno de los asesinos seriales más letales de Hispanoamérica.
Consecuencias
La detención definitiva de Camargo en Ecuador permitió reconstruir parte de su trayectoria criminal, aunque muchas desapariciones siguen sin aclararse.
Fue condenado y encarcelado en Quito, donde murió el 13 de noviembre de 1994, asesinado por un familiar de una de sus víctimas, cerrando así un ciclo de violencia que había atravesado fronteras y sistemas judiciales.
Su caso impulsó debates sobre la cooperación policial entre países andinos, la protección de menores en zonas rurales y la necesidad de mejorar los mecanismos de seguimiento de delincuentes reincidentes.




