¿Qué fue la toma del Puerto del Escudo?
Fue uno de los episodios decisivos de la campaña del Norte, desarrollado en el Puerto del Escudo durante agosto de 1937. En aquel paso montañoso, las fuerzas nacionales demostraron una capacidad operativa que terminó inclinando el equilibrio de un frente ya exhausto, acelerando el desenlace de toda la región.
Paso estratégico en el Frente Norte
El verano de 1937 situó al Puerto del Escudo en el centro de la campaña del Norte. Este paso montañoso, a más de mil metros de altitud, era la llave natural que conectaba la meseta burgalesa con Cantabria.
Su control determinaba la posibilidad de avanzar hacia Santander y por eso se convirtió en un objetivo prioritario para las fuerzas nacionales, que buscaban cerrar definitivamente el frente norteño y asegurar la continuidad territorial de su zona.
El valor del Puerto del Escudo
Tras la caída de Bilbao y el progresivo retroceso republicano, el Puerto del Escudo se transformó en una línea de resistencia forzada. Las tropas del Ejército del Norte, agotadas y con escaso apoyo aéreo, intentaron convertir el puerto en un dique defensivo. Las posiciones eran abruptas, bien situadas y difíciles de asaltar, pero la falta de reservas y la presión constante desde el sur hacían cada día más complicado sostenerlas.
Para el mando nacional, en cambio, el puerto representaba una oportunidad clara: romper esa última barrera permitiría un avance rápido hacia Santander y precipitaría el colapso del frente. La coordinación entre unidades españolas y el CTV italiano ofrecía una superioridad material que, bien empleada, podía inclinar la balanza de forma decisiva.
El avance nacional y la ruptura de la línea
El Corpo Truppe Volontarie (CTV) era el contingente militar enviado por Italia para apoyar a las fuerzas nacionales en varias campañas de la Guerra Civil. Estaba formado por unidades regulares italianas, tropas voluntarias y medios mecanizados y aéreos que, en 1937, aportaron una capacidad operativa difícil de igualar en el Frente Norte. Su intervención en el Puerto del Escudo fue visible en las maniobras de artillería, en el apoyo aéreo y en los ataques coordinados que terminaron rompiendo la línea republicana.
Entre el 14 y el 17 de agosto, las fuerzas nacionales lanzaron una ofensiva metódica. La combinación de artillería, aviación y maniobras de infantería permitió desgastar las defensas republicanas, que resistieron con determinación pero sin capacidad de recibir refuerzos. La actuación del CTV, apoyada por unidades españolas que conocían bien el terreno y sabían explotar los puntos débiles de la línea, terminó por abrir brechas en las cotas más expuestas.
La resistencia republicana fue intensa, especialmente en las alturas que dominaban la carretera, pero la superioridad táctica y logística nacional acabó imponiéndose. La ruptura no se produjo por un único golpe, sino por la acumulación de presión, precisión y coordinación. El 17 de agosto, las posiciones del puerto cedieron y comenzaron la retirada.
La toma y sus efectos
Con la toma del Puerto del Escudo, la defensa republicana, ya debilitada, perdió su último punto fuerte en la cordillera, lo que permitió a las tropas nacionales avanzar con rapidez hacia la capital cántabra. Santander cayó apenas diez días después, confirmando que la operación en el puerto había sido el golpe decisivo para desarticular el Frente Norte.
Para el bando nacional, la victoria reforzó la percepción de eficacia operativa y consolidó la idea de que la combinación de planificación, disciplina y apoyo aéreo podía resolver posiciones que, sobre el papel, parecían casi inexpugnables. Para el bando republicano, en cambio, la pérdida del puerto simbolizó la imposibilidad de sostener un frente aislado y sin capacidad de recibir ayuda exterior.
Interpretación
La operación mostró la capacidad de las tropas nacionales para coordinar fuerzas diversas, aprovechar la superioridad material y ejecutar una ofensiva sostenida en un terreno extremadamente difícil. También evidenció el desgaste y la soledad estratégica del Ejército del Norte, que luchó con tenacidad pero sin medios suficientes para resistir indefinidamente.
En este mismo escenario, años después, se levantaría la Pirámide de los Italianos, un monumento funerario construido en 1939 para recordar a los caídos del CTV y que aún hoy permanece como una huella física de aquel episodio.
El episodio revela la complejidad militar del conflicto: un punto fuerte bien defendido, una ofensiva técnicamente sólida y un desenlace que aceleró la caída de todo un frente. El Puerto del Escudo fue el lugar donde se decidió el ritmo final de la campaña del Norte.




