Salvador Valera Parra, protagonista hoy en Personajes y figuras, nació en Huércal‑Overa (Almería) en 1816.
Procedía de una familia marcada por la pobreza material pero también por una profunda religiosidad popular que influyó en su vocación temprana. Su infancia transcurrió en un entorno rural donde la fe, el trabajo y la solidaridad vecinal formaban parte del día a día. Esa raíz sencilla y austera acompañaría toda su vida sacerdotal.
Salvador Valera. Formación
Desde joven mostró inclinación hacia el sacerdocio. Ingresó en el seminario de San Fulgencio (Murcia), diócesis a la que entonces pertenecía Huércal‑Overa. Allí completó su formación filosófica y teológica, destacando por su disciplina, su vida espiritual intensa y su sensibilidad pastoral. Fue ordenado sacerdote en 1838, con apenas veintidós años. Sus biógrafos subrayan que ya desde el seminario se percibía en él un carácter humilde, un celo ardiente por el ministerio y una profunda devoción mariana.
Destinos pastorales
Tras su ordenación ejerció en diversas parroquias de la diócesis, entre ellas Alhama de Murcia y Cartagena. En estos primeros años se consolidó su estilo pastoral: cercanía con los pobres, disponibilidad absoluta para los enfermos y una vida de oración constante. Su fama de sacerdote entregado comenzó a extenderse más allá de sus comunidades y pronto fue reconocido por su capacidad para consolar, acompañar y sostener espiritualmente a quienes acudían a él.
Regreso a Huércal‑Overa y obra evangelizadora
En 1868 regresó a su pueblo natal como párroco. Ese retorno marcó el período más fecundo de su vida. Huércal‑Overa vivió entonces una etapa de intensa actividad pastoral, caritativa y evangelizadora. Salvador Valera dedicó sus días y sus noches a atender enfermos, visitar moribundos, socorrer a los presos, repartir comida y ropa entre los necesitados y sostener la vida espiritual de la comunidad. Durante las epidemias de cólera mostró un heroísmo que dejó una huella profunda en la población.
Su figura se asoció también a hechos extraordinarios recogidos por la tradición local, como el incendio del templo que se apagó súbitamente tras su invocación a la Virgen María. Estos episodios, junto con su vida de entrega radical, llevaron a que algunos lo llamaran el Cura de Ars español, en referencia a san Juan María Vianney.
Reconocimientos y fama de santidad
A pesar de su humildad, recibió diversas distinciones civiles por su dedicación al bien común. Sin embargo, nunca buscó honores ni protagonismo. Su vida se caracterizó por la sencillez, la austeridad y una caridad sin límites. Tras su muerte, ocurrida el 15 de marzo de 1889, la población de Huércal‑Overa lo lloró como a un padre y comenzó a venerarlo como un santo. Su cuerpo se enterró junto al altar de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, donde aún hoy se conserva.
La fama de santidad que acompañó su vida y su muerte dio lugar a la apertura de su causa. El reconocimiento de un milagro atribuido a su intercesión permitió que avanzara el proceso, culminando en la decisión de elevarlo a los altares.
Su beatificación, celebrada el 7 de febrero de 2026 en Huércal‑Overa, ha sido un acontecimiento de enorme relevancia para la diócesis de Almería y para todos los fieles que han mantenido viva su memoria durante más de un siglo.
Salvador Valera. Legado
El legado de Salvador Valera Parra, el cura Valera, es el de un sacerdote que vivió la caridad de manera heroica, que convirtió la atención a los pobres y enfermos en el centro de su ministerio y que mantuvo una vida interior profundamente unida a la Virgen María.
Su figura es un referente de entrega pastoral y de santidad cotidiana, especialmente para los sacerdotes y para quienes encuentran en su ejemplo una inspiración para vivir la fe con autenticidad.




