Un conquistador polémico y excesivo es el protagonista hoy de Personajes y figuras.
Nuño Beltrán de Guzmán nació en Guadalajara (Castilla) hacia finales del siglo XV, en el seno de una familia hidalga. Su formación jurídica y su temprana vinculación con círculos cortesanos le abrieron las puertas de la administración imperial.
En 1525, Carlos I lo nombró gobernador de Pánuco, una región estratégica en la costa del Golfo de México. Desde ese momento, Guzmán se convirtió en una pieza clave —y problemática— dentro del complejo entramado político de la Nueva España.
Nuño de Guzmán y Hernán Cortés
La llegada de Guzmán a América coincidió con un momento de tensiones entre los partidarios de Hernán Cortés y las autoridades enviadas directamente por la Corona.
Guzmán se alineó con los sectores contrarios al conquistador extremeño, a quien veía como un rival político y como un obstáculo. Su hostilidad hacia los aliados indígenas de Cortés, especialmente los tlaxcaltecas y su persecución de funcionarios vinculados al conquistador, marcaron el inicio de una política de confrontación que lo acompañaría durante toda su carrera.
El gobierno de Pánuco
En Pánuco, Guzmán desplegó un estilo de gobierno caracterizado por la violencia sistemática. Su administración se basó en la confiscación de bienes, la esclavización de poblaciones indígenas y la represión de cualquier forma de resistencia.
Las denuncias contra él se multiplicaron, tanto por parte de religiosos como de otros funcionarios. Sin embargo, la Corona, necesitada de contrapesos frente al poder creciente de Cortés, mantuvo su confianza en Guzmán y lo promovió a un cargo aún más influyente: la presidencia de la Primera Audiencia de México.
La Primera Audiencia: corrupción, abusos y desorden
En 1528, Guzmán asumió la presidencia de la Primera Audiencia, un organismo creado para sustituir el gobierno personalista de Cortés y establecer un sistema más institucional.
El resultado fue el contrario. Bajo su mando, la Audiencia se convirtió en un instrumento de persecución política y de enriquecimiento personal. Las acusaciones de torturas, extorsiones y apropiación indebida de bienes se hicieron habituales. Su enfrentamiento con el obispo Juan de Zumárraga y con las órdenes religiosas, que denunciaban sus excesos, terminó por erosionar su legitimidad.
La fundación de Nueva Galicia
Para consolidar su poder y ampliar su esfera de influencia, Guzmán emprendió en 1529 una expedición hacia el noroeste, una vasta región apenas explorada por los españoles. La campaña, que duró casi dos años, estuvo marcada por la violencia extrema contra los pueblos indígenas. En su avance fundó la provincia de Nueva Galicia y estableció la ciudad de Guadalajara —la primera de varias fundaciones fallidas antes de su ubicación definitiva—, que bautizó así en honor a su tierra natal.
Aunque la expedición amplió el dominio español, dejó tras de sí un rastro de destrucción que incluso sus contemporáneos consideraron excesivo.
Juicio en España
El cúmulo de denuncias contra Guzmán, unido a la llegada de la Segunda Audiencia —mucho más estable y respetada—, precipitó su caída.
En 1536 fue arrestado y enviado a España para ser juzgado por sus abusos. El proceso fue largo y complejo, pero terminó con su destitución y la confiscación de buena parte de sus bienes. Aunque no fue condenado a muerte, su carrera política quedó arruinada.
Pasó sus últimos años en relativa oscuridad, falleciendo en 1558 sin haber recuperado el prestigio que había buscado con tanta ferocidad.
Nuño de Guzmán. Controversias
La figura de Nuño de Guzmán sigue siendo objeto de debate entre historiadores. Para algunos, representa el ejemplo extremo de la violencia estructural de la conquista; para otros, encarna la ambición desmedida de ciertos funcionarios que, amparados por la distancia y la debilidad institucional, actuaron con impunidad.
Su legado material —la expansión hacia el noroeste y la fundación de ciudades como Guadalajara— convive con una memoria marcada por el abuso, la crueldad y la destrucción de comunidades enteras.
En cualquier caso, su trayectoria ilustra las tensiones internas del imperio español en América y los límites de la autoridad real en territorios en plena conquista.




