Eugenio Sellés y Ángel, nacido en Granada el 8 de abril de 1842, perteneció a una familia vinculada a la nobleza, condición que heredó al ostentar los títulos de tercer marqués de Gerona y vizconde de Castro y Orozco.
Su educación discurrió entre Granada y Madrid, donde se licenció en Leyes. Esa formación jurídica marcó sus primeros pasos profesionales, pues ingresó en la carrera judicial antes de que su vocación literaria y política lo condujera por otros caminos. La solidez intelectual adquirida en sus estudios y su temprana familiaridad con los ambientes culturales de ambas ciudades serían decisivas para su posterior trayectoria.
Eugenio Sellés. Trayectoria
Sellés abandonó pronto la judicatura para dedicarse a la política activa y al periodismo, dos espacios donde encontró un terreno fértil para su temperamento inquieto y su capacidad de análisis. Durante la regencia del general Serrano ejerció como gobernador civil en Sevilla y Granada, cargos que le permitieron conocer de primera mano la complejidad administrativa y social del país.
Su actividad periodística fue igualmente intensa. Colaboró en cabeceras como El Universal, La Iberia, El Imparcial, El Pueblo y El Globo, textos que más tarde reunió en La política de capa y espada (1876). En ellos se aprecia su mirada crítica, su ironía y su habilidad para observar la vida pública con un estilo ágil y directo. También desempeñó un papel destacado en la organización del mundo literario como presidente de la Sociedad de Autores, lo que evidencia su compromiso con la defensa de los derechos de los creadores.
Aportaciones literarias
La obra de Sellés se mueve entre la prosa periodística, la narrativa y, sobre todo, el teatro, género en el que alcanzó mayor reconocimiento. Su primera pieza estrenada, La torre de Talavera (1877), llegó al escenario del Teatro Español gracias al apoyo de José Echegaray, figura clave en su consolidación como dramaturgo. A partir de ese momento desarrolló una producción constante que combinó dramas históricos, piezas en verso, obras en prosa y experimentos formales que muestran su versatilidad.
Títulos como El nudo gordiano, Maldades que son justicias, Las esculturas de carne, Las vengadoras o El celoso de su imagen revelan su inclinación por los conflictos morales, las tensiones políticas y los dilemas personales, siempre tratados con un lenguaje cuidado y una estructura dramática sólida.
También abordó otros registros, desde la zarzuela hasta el melodrama, y se atrevió con recreaciones libres de autores clásicos, como su Cleopatra, compuesta a partir de escenas de Shakespeare. Su narrativa, representada en obras como Narraciones (1893) o Ícara (1910), completa un perfil literario amplio y coherente.
Sellés en la RAE
La proyección institucional de su trayectoria alcanzó su punto culminante con su elección como académico de número de la Real Academia Española.
Llamado a ocupar la vacante dejada por Fernández-Guerra, ingresó en la corporación el 2 de junio de 1895 y tomó posesión de la silla X con un discurso titulado El periodismo en España, una amplia reflexión sobre la evolución de la prensa, su creciente influencia social y las responsabilidades que entraña su ejercicio en la vida pública. La respuesta corrió a cargo de José Echegaray, su amigo y valedor en los primeros pasos teatrales, lo que añadió un matiz simbólico a la ceremonia.
Actividad académica
Durante su permanencia en la corporación, Sellés participó activamente en la vida académica y representó a la institución en actos de relevancia internacional.
Destaca especialmente su viaje a Argentina en 1910, acompañando a la infanta Isabel en las celebraciones del centenario de la independencia. Su presencia en aquella misión diplomática y cultural subraya el prestigio que había alcanzado dentro de la RAE y su capacidad para actuar como puente entre la literatura, la política y la vida pública.
Hasta su muerte en Madrid en 1926, Sellés mantuvo una presencia constante en el panorama intelectual español. Su obra, diversa y extensa, y su compromiso con las instituciones culturales lo sitúan como una figura activa de la vida literaria y política de su tiempo, un autor que supo combinar la creación artística con la reflexión sobre el papel de la palabra en la sociedad.




