Atraída por la apariencia

septiembre 11, 2025

Miriam Reyes

Atraída por la apariencia externa, de Miriam Reyes

 

Atraída por la apariencia externa
que adquiere a sus ojos mi volumen
la persona otra se aproxima
a la superficie de mi cuerpo
yo rojo telón
de terciopelo para la caricia
yo dorado cordón
de piel que me constriñe
si me desata su mano es para sentir mi peso
la cosquilla sobre la madera
el tintineo de metales al cerrarme
y abrirme y cerrarme y abrirme.

Sobre Atraída por la apariencia externa

Aunque el poema que analizamos no lleva título —como ocurre con muchos textos del libro Con (2024) de Miriam Reyes—, tomaremos su primer verso como referencia nominal: “Atraída por la apariencia externa. Esta fórmula nos permite identificarlo sin alterar su estructura original. El texto se inscribe en una secuencia sin encabezados, donde cada fragmento funciona como parte de una voz única, encarnada y reflexiva.

Voz poética encarnada

La voz que habla en este poema no se presenta como sujeto lírico tradicional, sino como cuerpo-objeto observado, manipulado, abierto y cerrado. No hay una primera persona que se afirme, sino que se ofrece como superficie: yo rojo telón de terciopelo para la caricia. Esta imagen teatral y táctil sugiere una identidad escenificada, construida desde la mirada ajena. El cuerpo no es aquí un lugar de intimidad, sino de exposición.

La expresión la persona otra refuerza la distancia: no hay tú, sino un otro genérico, casi clínico, que se aproxima por atracción superficial. La voz poética se define por cómo es percibida, no por lo que siente. Es una poética del desdoblamiento, donde el yo se convierte en objeto de deseo, manipulación y uso.

Corporalidad y objeto

El poema construye una metáfora en la que el cuerpo se asemeja a un objeto que se abre y se cierra, que pesa, que tintinea. La frase si me desata su mano es para sentir mi peso sugiere una relación utilitaria, donde el cuerpo es medido, explorado, pero no comprendido.

La corporalidad aquí no es erótica ni celebratoria, sino funcional y casi mecánica. El poema desactiva la sensualidad para mostrar la lógica del deseo como gesto repetitivo: y cerrarme y abrirme y cerrarme y abrirme. La anáfora final refuerza la idea de uso, de rutina, de desgaste.

Estructura y ritmo

El poema se construye en versos cortos, sin puntuación, con una sintaxis que fluye como pensamiento interior. La ausencia de signos de puntuación permite una lectura continua, casi respiratoria, que refuerza la sensación de exposición constante.

El ritmo se acelera hacia el final, con la repetición de verbos en infinitivo que evocan el movimiento mecánico. No hay cierre ni resolución: el poema termina en un bucle, como si el cuerpo siguiera siendo abierto y cerrado indefinidamente.

Interpretación general

Este poema encarna una crítica sutil a la forma en que el cuerpo femenino —o el cuerpo en general— es percibido desde fuera, reducido a apariencia, volumen, superficie. Miriam Reyes no denuncia explícitamente, sino que encarna esa experiencia desde dentro, con una voz que se ofrece como objeto para revelar la violencia implícita en la mirada ajena.

La elección de imágenes táctiles, teatrales y mecánicas construye una atmósfera de tensión entre lo íntimo y lo expuesto. El poema no busca redención, sino mostrar el ciclo: el deseo como gesto repetido, la identidad como superficie manipulada.

 

Atraída por la apariencia externa. Portada del libro Extraña manera de estar viva de Miriam Reyes, con arte abstracto en rojo y negro

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