Cabrera es isla y archipiélago: un territorio doble dentro del mapa balear, que pasó de refugio de navegantes y fortín contra piratas a convertirse en uno de los parques nacionales mejor conservados de España.
Cabrera. Algo de su historia
La isla de Cabrera fue un punto de escala y refugio para navegantes desde la Antigüedad. Fenicios, cartagineses, romanos y bizantinos utilizaron sus calas como abrigo natural y como lugar para aprovisionarse de agua.
En la Edad Media, la amenaza constante de la piratería berberisca llevó a levantar el castillo que domina la entrada al puerto, una fortificación que durante siglos simbolizó vigilancia, aislamiento y dureza. Antes incluso de esa época, se documenta la existencia de un monasterio tardoantiguo, activo entre los siglos V y VIII.
Ya en tiempos modernos, la isla pasó por manos privadas, fue empleada como zona militar y, finalmente, adquirida por el Estado. Su transformación definitiva llegó en 1991, cuando se declaró Parque Nacional Marítimo‑Terrestre, uno de los espacios naturales mejor conservados del Mediterráneo.
Etimología
El nombre Cabrera procede, efectivamente, de las cabras que habitaban la isla. Las fuentes antiguas indican que los romanos solían liberar animales en islas estratégicas para garantizar alimento en caso de necesidad y Cabrera fue uno de esos enclaves.
La tradición medieval y moderna mantuvo el topónimo sin alteraciones, reforzando la asociación directa entre el territorio y su fauna más visible.
Curiosidades
- Cabrera no es solo una isla, sino un pequeño archipiélago formado por diecinueve islas e islotes.
- Su aislamiento histórico ha permitido conservar un paisaje prácticamente intacto, con especies endémicas y fondos marinos excepcionales.
- El castillo, encaramado sobre la cala principal, es la imagen icónica del conjunto.
- Durante siglos, servir como vigía en Cabrera se consideró un castigo severo por la soledad y la dureza del entorno, un detalle que ilustra bien la vida en este enclave antes de su protección.
Cabrera en la actualidad
Hoy Cabrera es un espacio estrictamente protegido. El Parque Nacional regula el acceso y limita las visitas para preservar su equilibrio ecológico.
No tiene población estable y su pequeño puerto funciona únicamente como punto de llegada para visitantes y personal de conservación.
La biodiversidad es uno de sus mayores valores: aves marinas, reptiles endémicos, praderas de posidonia y un ecosistema submarino de enorme riqueza convierten la isla en un referente de conservación mediterránea.




