Las mayores tiranías se perpetúan siempre en nombre de las causas más nobles. Thomas Paine.
Sí, hay una clara intención al publicar en nuestro repertorio, precisamente hoy, esta cita, tan conocida por otra parte de Thomas Paine: los tiranos caen, maduros o no.
Sobre Deber ante la tiranía
Deber ante la tiranía es una de esas frases que sobreviven porque no describen un momento histórico concreto, sino una estructura moral que se repite en todas las épocas.
Su potencia no reside en la grandilocuencia, sino en la claridad con la que formula un principio incómodo: la obediencia deja de ser virtud cuando el poder deja de ser legítimo.
Paine no propone un romanticismo revolucionario, sino una lógica ética que se deriva de su visión contractualista del Estado. Para él, la ley solo merece respeto cuando protege los derechos naturales; cuando los vulnera, deja de ser ley en sentido moral y se convierte en un instrumento de dominación. La frase, por tanto, no es un llamamiento al caos, sino una advertencia: un orden injusto no puede exigir sumisión sin destruir la base misma de la convivencia.
Lo interesante es que Paine no escribe con abstracción filosófica, sino con urgencia política. Su prosa nace en un mundo en ebullición, donde las colonias americanas buscan emanciparse y Europa se asoma a un cambio de paradigma. La cita condensa esa atmósfera de transición, pero también la trasciende. Funciona como un recordatorio de que la legitimidad no se hereda ni se impone: se gana.
Y cuando un poder se aferra a sí mismo a costa de los ciudadanos, la resistencia deja de ser una opción para convertirse en una obligación moral. Por eso la frase sigue viva: porque señala el punto exacto en el que la pasividad se vuelve complicidad.
El autor: Thomas Paine
Thomas Paine (1737-1809) fue un escritor que convirtió la palabra en un acto político. Nacido en Inglaterra en 1737, llegó a América sin prestigio ni fortuna, pero con una lucidez que lo situaría en el centro de dos revoluciones. Su talento consistió en traducir ideas filosóficas complejas en un lenguaje directo, accesible y electrizante. Common Sense, publicado en 1776, no fue solo un panfleto: fue un detonante. Su defensa de la independencia no apelaba a la emoción patriótica, sino a la razón moral y al sentido común, y esa combinación lo convirtió en un texto que circuló como pólvora entre colonos, soldados y legisladores.
Paine no se conformó con ser la voz de la revolución americana. En Francia defendió con igual convicción los principios de la Revolución, aunque no dudó en criticar sus excesos cuando la violencia se volvió dogma. Esa independencia intelectual le costó persecuciones, encarcelamientos y enemistades, pero también cimentó su reputación como uno de los pensadores políticos más íntegros de su tiempo. Su obra Rights of Man es una defensa apasionada de la igualdad y de la soberanía popular, escrita con la misma claridad que sus panfletos americanos.
Su vida fue errante, polémica y a menudo ingrata. Murió en Nueva York casi olvidado, pero su legado permanece en la arquitectura moral de las democracias modernas. Paine no buscaba la posteridad, sino la transformación inmediata y quizá por eso sigue resonando: porque habla desde un lugar donde la palabra no es ornamento, sino herramienta de emancipación.




