La palabra defenestrar vive en una paradoja lingüística: es relativamente común en el discurso periodístico y político, pero su significado literal sigue siendo tan extremo que introduce una nota de extrañeza cada vez que aparece.
Esa tensión entre lo que dice y lo que quiere decir explica su peculiaridad y su atractivo.
Defenestrar. Etimología
El verbo procede del latín medieval defenestrare, formado por el prefijo de- y fenestra (ventana).
El significado original es transparente: arrojar a alguien por una ventana. La palabra se documenta en latín a partir del siglo XVII, aunque el acto que designa es muy anterior. Las célebres defenestraciones de Praga —episodios históricos en los que funcionarios o representantes fueron arrojados por las ventanas de edificios públicos— consolidaron el término en la historiografía europea y contribuyeron a su difusión posterior en lenguas modernas.
Significado
En español, defenestrar conserva dos sentidos reconocidos. El primero es el literal: expulsar a alguien arrojándolo por una ventana. El segundo, ya plenamente asentado, es figurado: destituir, apartar o expulsar a alguien de un cargo, una posición o una función.
Este uso metafórico es el que ha hecho que la palabra circule con naturalidad en la prensa, donde aparece con frecuencia en contextos políticos, deportivos o empresariales.
El uso metafórico y su efecto
La extrañeza de defenestrar no proviene de una rareza, sino de la distancia entre su sentido literal y su empleo habitual.
Cuando se defenestra a un ministro, nadie imagina una ventana abierta en un edificio gubernamental. Sin embargo, la violencia del origen sigue resonando en la palabra y le confiere una intensidad que otros verbos —destituir, cesar, apartar— no poseen. Esa resonancia explica su éxito: es gráfica, contundente y, al mismo tiempo, lo bastante convencional como para no resultar inapropiada en un texto informativo.
Curiosidades
La palabra está inevitablemente asociada a las defenestraciones de Praga, episodios ocurridos en 1419 y 1618 que tuvieron consecuencias políticas de gran alcance. Estos hechos contribuyeron a fijar el término en la memoria histórica europea y a dotarlo de un aura casi técnica.
En español, su uso figurado se generalizó en el siglo XX, especialmente en el lenguaje periodístico, donde se convirtió en un recurso expresivo para describir cambios bruscos de poder. Su sonoridad y su carga histórica han favorecido que se mantenga como un verbo llamativo, a medio camino entre lo culto y lo irónico.
Defenestrar. Palabra marcada
Defenestrar no es una extraña palabra por falta de uso, sino por la sombra semántica que arrastra.
Su literalidad violenta convive con un empleo metafórico ya rutinario, y esa convivencia produce un efecto de extrañeza que la hace memorable. Es un ejemplo perfecto de cómo una palabra puede ser común y, al mismo tiempo, conservar un filo inesperado que la distingue del resto del léxico cotidiano.




