Espacio del color

enero 8, 2026

Mercedes Durand

Espacio del color

 

Desde que me anunciaron tu venida
dispuse regalarte los colores
prestados a las frutas y las flores
hermanas vegetales de tu vida.

La fresa me prestó su piel de herida,
el trébol su conjunto de verdores,
el blanco jazminero sus candores
y la aceituna oscura su medida.

El ácido mirar del limonero
y la pupila ingenua de la rosa
mezclaron su color en tu velero.

El mundo de la flor y de la fruta
me ha dado su acuarela primorosa
envuelta en los olores de la ruta.

Sobre Espacio del color

Este soneto publicado por primera vez en Espacios (1965), condensa una de las líneas más finas de la poética temprana de Mercedes Durand: la capacidad de convertir la experiencia íntima en una arquitectura sensorial precisa, sin caer en sentimentalismos ni en la retórica grandilocuente que a menudo acompaña los poemas de maternidad.

La voz lírica se sitúa en un umbral —la espera de un hijo— y desde ahí organiza un gesto inaugural: ofrecerle al recién llegado una paleta cromática tomada del mundo vegetal. No es un ornamento ni un catálogo decorativo, sino una forma de filiación simbólica. Las frutas y las flores son hermanas del niño porque comparten la misma materia viva y esa fraternidad natural establece un puente entre la biología y el afecto.

Durand no trabaja con abstracciones, sino con cualidades táctiles y vivas: la herida de la fresa, la acidez del limonero, la ingenuidad de la rosa. Cada matiz es una experiencia sensorial que anticipa la complejidad del mundo que el hijo encontrará. La voz materna no idealiza ni protege en exceso; más bien, selecciona una gama donde conviven lo dulce, lo áspero, lo luminoso y lo oscuro, como si la educación emocional comenzara en la misma elección de colores.

El cierre del soneto convierte esa paleta en una ofrenda ritual: la naturaleza entrega una acuarela que no solo se mira, sino que también se huele y se recuerda. La maternidad aparece como un acto de mediación entre el hijo y el mundo, y la forma clásica del soneto sostiene la emoción sin desbordarla.

El resultado es Espacio del color, un poema que celebra la vida desde la materialidad del color y que confirma la madurez expresiva de la autora en un momento clave de su trayectoria.

La autora: Mercedes Durand

Mercedes Durand (San Salvador, 1933 – Ciudad de México, 1999) fue una de las voces más sólidas y decisivas de la poesía salvadoreña del siglo XX.

Formada en Filosofía y Letras y vinculada a la Generación Comprometida, encarnó una figura poco frecuente en Centroamérica: la escritora que domina por igual la poesía, el periodismo, la corrección de estilo, la docencia y la producción cultural. Su trayectoria, marcada por el exilio a México en 1972, se sostiene en una ética del rigor y la claridad que atraviesa tanto su obra literaria como su trabajo profesional.

Su poesía apuesta por una dicción limpia, una imaginería precisa y un uso moderno de las formas clásicas. En libros como Espacios (1965), Durand afianza un tono íntimo que no se repliega en lo confesional, sino que explora la relación entre cuerpo, naturaleza y afecto con una sensibilidad que rehúye la estridencia. Su mirada combina ternura y lucidez, y convierte lo cotidiano —los colores, los frutos, los gestos mínimos— en materia poética de alta concentración simbólica.

Como periodista y editora, ejerció un oficio fundamental: el de dar forma, corregir, ordenar y sostener la palabra ajena con la misma precisión que aplicaba a la propia. Esa versatilidad explica también la solidez de su escritura, siempre atenta al ritmo, al peso de cada término y a la economía expresiva.

Aunque su nombre no circuló con la amplitud que merecía, su obra ha sido recuperada en proyectos como Vindictas de la UNAM, que la sitúan en el lugar que le corresponde: el de una autora cuya claridad, disciplina y sensibilidad la convierten en una figura imprescindible para entender la poesía centroamericana contemporánea.

Durand no buscó protagonismo; buscó exactitud. Y en esa búsqueda dejó una obra que sigue respirando con una serenidad luminosa.

 

¡Bienvenida a nuestro Poemario, Mercedes Durand!

 

Espacio del color. Retrato en blanco y negro de Mercedes Durand con el cabello recogido, apoyando el rostro sobre las manos entrelazadas, con gesto sereno y fondo oscuro

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