La pobre (bueno, ya no) Pilar Alegría Continente es como el pueblo de las tres mentiras: ni es pilar, ni alegría ni contiene nada bueno, ni apreciable, ni honrado, ni destacable, aparte de su taimada sonrisa profidén… ¡Ay, Pilar Alegría, qué es de su señoría!
Nació en 1977 en La Zaida, un pueblo oscense tan pequeño que probablemente tenga más ovejas que habitantes y allí Pilar decidió que ser maestra era demasiado aburrido, por lo que optó por el emocionante y enriquecedor mundo de la política socialista. Así, y a modo de ensayo, tras obtener su diplomatura en Magisterio, Alegría demostró su versatilidad laboral pasando con deslumbrante éxito de sexadora de pollos a técnica informática. ¡Quién diría que esas habilidades la prepararían para lidiar con el gallinero político y los sistemas operativos obsoletos de la administración pública!
En su ascenso meteórico dentro del corrupto PSOE aragonés y español, Pilar ha acumulado más cargos que bolas tiene un árbol de Navidad. De concejala a diputada, de consejera a ministra, parece que no puede quedarse quieta en un puesto. ¿Será que busca la silla perfecta o simplemente le gusta coleccionar títulos?
Como ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Alegría ha logrado la hazaña de unir bajo un mismo techo la confusión curricular, la formación profesional y el sudor deportivo. Un trío tan disparatado como eficaz para mantener a todos despistados.
Falsa alegría
En la vida de Pilar no todo gira en torno a la política. Como madre ejemplar, tomó la decisión de enviar a su hijo a un colegio privado en Zaragoza. Naturalmente, esto no se debe a una preferencia por la educación privada sobre la pública, ¡qué idea tan absurda! Fue solo para ampliar su perspectiva sobre el sistema educativo. Después de todo, ¿qué mejor manera de gobernar para el pueblo que manteniéndose en una categoría material muy superior? Esta noble estrategia le permite comprender mejor las necesidades de las masas desde la comodidad de su posición privilegiada.
Quizás fue esta profunda comprensión de las dinámicas educativas lo que la llevó a tomar la decisión de no ejercer nunca como maestra. Al fin y al cabo, ¿para qué molestarse con una clase llena de niños cuando ya tiene suficiente con lidiar con uno en casa? Sin duda, su dedicación a la causa socialista y su elevado estatus material son mucho más gratificantes que la simple tarea de educar a la próxima generación.
En fin, es la falsa alegría de Pilar, o su alegoría: la mujer que pasó de contar pollos a contar votos, de formar niños a formar gobiernos y de ser la voz de un pequeño pueblo aragonés a serlo del gobierno español. Una trayectoria tan improbable que hace que uno se pregunte si no estaremos viviendo en una comedia política escrita por un guionista con exceso de imaginación.
¡Pilar, qué cruz!
Oclócrata, irresponsable, sumisa ante su jefe perverso, falsa, prepotente y, obviamente, carente de la más mínima formación personal ni profesional para ejercer naturalmente como ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes. Ni de cualquier otra materia que no sea la adulación, esa que ahora se llama de otra forma, sí esa, la que fela la Dora, con la alegoría de alegría, por supuesto.