La Naparanoia
Microrrelato de Luis Britto García
Los pacientes atacados de naparoia sienten la extraña sensación de que nadie les persigue, ni está tratando de hacerles daño. Esta situación se agrava a medida que creen percibir que nadie habla de ellos a sus espaldas, ni tiene intenciones ocultas. El paciente de Naparoia finalmente advierte que nadie se ocupa de él en lo más mínimo, momento en el cual no se vuelve a saber más nunca del paciente, porque ni siquiera puede lograr que su siquiatra le preste atención.
Sobre La Naparanoia
La Naparanoia es una inversión lúdica y precisa de la paranoia clásica: no es el miedo a ser perseguido, sino el miedo a no serlo. Britto toma un trastorno reconocible y lo voltea, de modo que la amenaza no proviene de un enemigo imaginario, sino de la absoluta indiferencia del entorno. Ese desplazamiento produce un humor seco, casi clínico, que se sostiene gracias al tono seudomédico del narrador. La voz que describe el cuadro lo hace con la frialdad de un manual de siquiatría y esa distancia amplifica lo absurdo.
La progresión del texto es muy eficaz. El paciente primero percibe que nadie lo persigue, luego que nadie habla de él, y finalmente que nadie se ocupa de su existencia en lo más mínimo. Cada paso profundiza la ausencia. El remate cierra el mecanismo con una lógica impecable: la enfermedad culmina en la evaporación del individuo, no por exceso de vigilancia, sino por falta absoluta de mirada. Es humor negro, pero también una reflexión sobre la identidad como necesidad de ser percibido.
En ese contexto, la oscilación entre naparoia y Naparoia dentro del cuerpo del texto adquiere sentido. La palabra aparece inestable, escrita de dos maneras distintas, como si ella misma sufriera la falta de atención que define la enfermedad. No es un error: es un guiño metalingüístico. El término se degrada, pierde consistencia, se escribe sin cuidado, igual que el paciente se desvanece por falta de interés ajeno.
En conjunto, el microrrelato es un artefacto mínimo y preciso: humorístico sin ser ligero, crítico sin ser solemne y construido con una economía de medios que deja ver la mano de un autor que sabe que, en literatura breve, una sola inversión conceptual puede sostenerlo todo si está bien ejecutada.
El autor: Luis Britto García
Luis Britto (Caracas, 1940) es uno de los escritores venezolanos más versátiles de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI. Su obra abarca narrativa, ensayo, teatro, crónica, sátira y pensamiento político, siempre con una mezcla característica de erudición, ironía y experimentación formal. Desde sus primeros libros —en especial Rajatabla (1970), convertido en un hito del microrrelato hispanoamericano— Britto mostró una inclinación por el juego verbal, la inversión lógica y el humor crítico, rasgos que lo acompañan a lo largo de toda su producción.
Como narrador, se mueve con soltura entre lo fantástico, lo absurdo y lo alegórico, con una prosa que combina densidad conceptual y ligereza expresiva.
En el teatro ha analizado episodios históricos y figuras emblemáticas con una mirada oscilante entre lo satírico y lo trágico.
Su faceta ensayística, por su parte, lo ha convertido en una voz influyente y polémica dentro del debate público venezolano, donde analiza temas como la identidad nacional, la comunicación política y la economía
A lo largo de su carrera ha recibido reconocimientos importantes —entre ellos el Premio Casa de las Américas— y ha mantenido una presencia constante en la vida cultural del país.
Su estilo, inconfundible, combina rigor intelectual, humor corrosivo y una imaginación que no teme desbordar los límites del género. Britto es, en suma, un autor que ha sabido construir una obra múltiple y coherente.
NOTA. Desde hoy, La Naparanoia encuentra su lugar en nuestra colección de microrrelatos.




