Esta entrada está dedicada a todos los olócratas de La Moncloa, que son todos los que por allí se refocilan y todos, son además, cristófobos y, por lo tanto, cristianófobos.
¡Vaya, parece que en Moncloa han decidido jugar al Quién es más anticristiano! Con tanto fervor en su cruzada contra la cruz, uno pensaría que están compitiendo por el premio al Gobierno más cristófobo del año. Estamos convencidos de que estos miserables lo volverán a ganar también en 2025.
Primero fue la exhumación de Franco, porque aparentemente resolver los problemas del país era demasiado aburrido, o quizás no los hubiera… Ahora, no contentos con haber movido un cadáver, van a por los vivos. El pobre prior del Valle de los Caídos, Santiago Cantera, ha sido cesado. ¿Su crimen? Osar mantener un lugar de reconciliación. ¡Qué escándalo!
Pero no se detengan ahí, señores de Moncloa. ¿Por qué conformarse con echar a un prior cuando pueden dinamitar una cruz? Claro, que eso requeriría admitir abiertamente su aversión a los símbolos cristianos, y eso no queda bien en el currículum de un gobierno progresista. O sí, ya veremos si se atreven.
Campeones del odio
Lo más gracioso es ver cómo se las ingenian para presentar estas acciones como una lucha contra el odio. Porque nada dice amor y tolerancia como forzar el cierre de lugares sagrados y amenazar con demoler monumentos religiosos, ¿verdad?
En fin, parece que en La Moncloa han encontrado su vocación: ser los campeones de la cristofobia. ¿Quién necesita resolver problemas reales cuando puedes dedicarte a perseguir cruces y priores? Al menos les mantendrá ocupados y lejos de otros asuntos donde podrían hacer aún más daño.
Eso sí, hay que reconocerles el mérito: han logrado unir a la izquierda y a la derecha en algo. Ambos están igualmente perplejos ante tanta dedicación a una causa tan peculiar. ¡Bravo, Moncloa! Han conseguido el milagro de la unidad nacional, aunque sea en la estupefacción colectiva. Y también han conseguido que hasta el Tato sepa que son unos impostores y que ellos no solo pueden odiar sino también ejecutar el odio. Son el albañal.
Olócratas, delincuentes, criminales, pasarán a la historia, por supuesto, pero dentro de cincuenta o sesenta años tendrán que implantar una falsa memoria histórica para borrar sus huellas delictivas. ¡Que se diluyan ya, por Dios!