Raúl González Tuñón
Los sueños de los niños inventando países, de Raúl González Tuñón
Porque el niño conserva todos los libres bríos
de la invención, baraja sus monstruos increíbles
y sus enloquecidos ángeles.
La bárbara inocencia sin prejuicios de la primera pureza
y el espléndido caos, el delirio de la razón, la fantasía.
El niño es el primer surrealista.
Y crece, es hombre, y sigue viviendo mas no sabe
y quien lo lleva adentro así lo ignora.
A veces, de manera sutil, eso supongo,
en cada acto adulto la infancia nos vigila
—una voz, un suceso rotundo, familiar, una lámpara,
una paloma herida con mensaje—.
Todo hombre en el final minuto de su invierno
piensa en algo lejano cuando muere.
Y la muerte es el último país que el niño inventa.
Sobre Los sueños de los niños inventando países
Incorporamos al Poemario al magnífico Los sueños de los niños inventando países, de Raúl González Tuñón, publicado por primera vez en su libro El rumbo de las islas perdidas (1969).
González Tuñón presenta al niño como el primer surrealista, destacando su capacidad para inventar mundos sin las limitaciones de la razón adulta. El poema sugiere que la infancia persiste en el adulto a través de símbolos cotidianos (como una voz o una lámpara), y culmina con la idea de que la muerte es el último país imaginado por el niño, cerrando así el ciclo vital con un gesto poético.
La estructura recurrente y el uso de figuras retóricas como la repetición refuerzan la conexión entre memoria, creación y resistencia política, temáticas reiteradas en la obra del autor. El poema ha sido antologizado en recopilaciones como La música amontonada del mundo.
Sobre Raúl González Tuñón
Raúl González Tuñón (Buenos Aires, 1905–1974) fue un poeta y periodista argentino, figura clave de la vanguardia literaria de los años 20 y fundador de la poesía urbana moderna en Argentina. Afiliado al Partido Comunista, combinó en su obra el compromiso político con influencias surrealistas y simbolistas, destacando títulos como La rosa blindada (1936) y El rumbo de las islas perdidas (1969).
Como periodista, trabajó en medios como Crítica y Clarín, donde ejerció como crítico de arte y cronista de viajes. Su amistad con Pablo Neruda y su activismo antifascista durante la Guerra Civil española marcaron su perfil intelectual. Eso sí, cuando estalló la guerra civil española, ambas parejas (Tuñón con Amparo Mom y Neruda con Delia del Carril) se trasladaron desde Madrid a Santiago de Chile y compartieron una misma casa.
Póstumamente, se publicaron obras como Los melancólicos canales del tiempo (1977), consolidando su legado como puente entre la vanguardia y la poesía social.
Raúl González Tuñón falleció en Buenos Aires, el 14 de agosto de 1974, a los 69 años de edad.