Majoreros, tallados por el viento

febrero 1, 2026

Seguimos nuestra sección Gentilicios con un español insular: el majorero.

Fuerteventura, la isla más antigua y ventosa del archipiélago canario, ha forjado una identidad marcada por la aridez, la trashumancia y el mar.

Sus habitantes, los majoreros, heredan un nombre que enlaza directamente con los antiguos majos y una identidad que combina la aridez, la trashumancia y el mar con una larga tradición de adaptación al territorio, el paisaje extremo y una relación íntima con el viento y la luz atlántica.

 

Majoreros

Entrada Contenido
Lugar Fuerteventura (Islas Canarias, España). Isla atlántica, árida, ventosa y de gran antigüedad geológica.
Gentilicio Majorero / majorera.
Etimología Procede de majo (nombre indígena de los antiguos habitantes de la isla) + sufijo castellano -ero. Evolución: majomajorero. No relacionado con el adjetivo peninsular majo.
Variantes Majo/maja (histórico y etnográfico). Formas desaconsejadas: fuerteventurense, fuerteventurero.
Usos Gentilicio único y universal en todos los registros. Errores comunes: majonero, majoriense. Normativa: preferencia exclusiva por majorero.
Observaciones Asociado al queso majorero (DOP). Identidad marcada por viento, aridez y tradición pastoril. Majo se usa solo en contextos arqueológicos o antropológicos.
Nombre del lugar Fuerteventura.
Habitantes Aproximadamente 120.000–125.000. Alta presencia de residentes europeos. Núcleos principales: Puerto del Rosario, Corralejo, Caleta de Fuste, Morro Jable.
Personajes destacados Juan Ismael (artista). Aridane Hernández (futbolista).
¿Qué visitar? Naturaleza: Dunas de Corralejo, Jandía, Isla de Lobos, Malpaís de la Arena, Montaña de Tindaya. Playas: Cofete, Sotavento, El Cotillo, La Concha. Patrimonio: Betancuria, molinos, Ecomuseo de La Alcogida, faros de Jandía y Tostón.
Otros Reserva de la Biosfera (UNESCO, 2009). Economía basada en turismo, ganadería caprina y energías renovables. Territorio clave para estudios de desertificación.
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Hoy, Fuerteventura se mueve entre la preservación de su territorio —convertido en Reserva de la Biosfera— y las tensiones de un turismo que transforma ritmos y paisajes.
El gentilicio majorero sigue funcionando como anclaje: una palabra que condensa historia indígena, tradición pastoril y una forma particular de habitar un territorio que nunca ha dejado de ser frontera entre arena, océano y horizonte.
Hombre majorero con sombrero tradicional y cayado, de pie frente a dunas y mar en un paisaje árido de Fuerteventura

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