Begoña Abad
Nada soy
Cuando paseo en el bosque, árbol soy
y el sol que se filtra entre las hojas,
el aire que las mueve o el insecto que las habita.
Y si es el mar lo que contemplo
me hago ola mansa y espuma y pájaro marino.
Si escucho música me transformo en nota
o en prolongado silencio del pentagrama.
Cuando es el cielo lo que veo
ando volando, pues nube me hago,
o lluvia fina, nieve a veces o hielo transparente.
Piel se hace mi piel junto a la tuya
y mano en la caricia y ojos en tu mirada,
en palabra que pronuncias, me reconozco.
Y cuando avanzo hacia ti, soy tú.
Lo soy todo y nada de eso soy.
Sobre Nada soy
El poema construye una identidad en tránsito, un yo que disuelto en lo que contempla: árbol, ola, nota, nube. Cada transformación expresa una forma de estar en el mundo a través de la permeabilidad, no en la afirmación rígida del yo. La naturaleza, la música y el cielo funcionan como espejos donde la voz poética se reconoce al volverse parte de ellos.
El giro final hacia el tú introduce la dimensión afectiva: la identidad no solo se expande, sino que se encarna en la relación. La fusión amorosa culmina en la paradoja que sostiene el poema: soy tú… lo soy todo y nada de eso soy. La poeta afirma y niega al mismo tiempo, mostrando que la identidad es movimiento, no esencia.
El tono es claro, cercano, sin artificio, con imágenes sensoriales que sostienen una reflexión expresada con aparente sencillez: la marca más reconocible de Begoña Abad.
La autora: Begoña Abad
No es la primera vez que publicamos un poema de Begoña Abad, Tendría que escribirte un poema fue el primero.
Begoña Abad ha construido una trayectoria poética reconocida por su claridad emocional y su cercanía, pero también por una mirada que convierte lo cotidiano en revelación.
Llegó a la literatura cuando ya había vivido lo suficiente como para escribir y esa madurez inicial atraviesa toda su obra: habla del cuerpo, de la casa, de la pérdida, de la alegría y de los vínculos que nos sostienen. Su voz es directa, sin artificio, capaz de conmover sin elevar el tono. En sus poemas, la identidad se expande y se mezcla con el mundo, siempre con una empatía radical que rehúye la grandilocuencia y apuesta por la verdad sencilla.
A lo largo de los años ha publicado libros que han ido consolidando esa voz tan reconocible: Begoña en ciernes (2006), Cómo aprender a volar (2012), Palabras que no puedo decir (2014), La medida de mi madre (2015), El hijo muerto (2016), Estoy poeta (2017) o Porque somos de barro (2020), entre otros.
En todos laten idénticas convicciones: que la poesía no necesita complicarse para profundizar, que la claridad también puede ser un acto de valentía y que la vida basta para sostener un poema.
NOTA. Puede leerse más sobre Begoña Abad en Tendría que escribirte un poema.




