Novela policiaca
Microrrelato de Paul M. Viejo
Lo que más me molestó, irritó, por lo que me juré no volver a hacerlo más, por muy motivado que estuviera, por mucha fama que estuviese esperándome, fue que, tras ordenar de una forma coherente toda la historia en mi cabeza, dar los antecedentes de lo ocurrido, explicar la importancia de la mujer rubia en todo esto, atar cuanto cabo permaneciera suelto y procurar no dejarme ningún cadáver sin mencionar, todo narrado despacito y con buena letra, hora tras hora, al final del interrogatorio al policía solo se le ocurrió decir que quién era yo, que después de tantas preguntas como hizo ya se le había olvidado incluso de qué se me acusaba.
Sobre Novela policiaca
Paul M. Viejo condensa en Novela policiaca una parodia del género negro llevada al extremo: un narrador que cree estar construyendo una investigación perfecta mientras, en realidad, solo responde a un interrogatorio policial. El microrrelato funciona porque subvierte la expectativa clásica: el detective que ordena pistas, antecedentes y cadáveres no es más que un sospechoso que se ha tomado demasiado en serio su propio relato.
La voz narrativa avanza en un único párrafo largo, casi sin respiración, como si la historia se escribiera al mismo tiempo que se piensa. Ese ritmo atropellado es clave: imita la lógica de la novela policial —organizar, explicar, atar cabos— pero la reduce a un gesto mental inútil. El narrador se esfuerza por dar coherencia a su versión, por contarlo despacito y con buena letra, y ese empeño revela su ingenuidad: confunde la estructura literaria con la realidad procesal.
El golpe final es demoledor y típicamente viejiano: el policía, agotado por la verborrea, ya no recuerda quién es el interrogado ni de qué se le acusa. Ese desplome irónico desactiva toda la épica del género y deja al narrador desnudo, sin historia y sin identidad. La novela policiaca que intentaba construir se deshace en un instante, reducida a un malentendido burocrático.
El microrrelato triunfa porque convierte la ambición narrativa en un error de percepción: la literatura como espejismo, el crimen como excusa y el yo como el primer sospechoso de su propio relato.
Desde hoy, Novela policiaca se integra en la colección de microrrelatos de hablarydecir.com
Datos de edición
Ese texto aparece en su libro Los ensimismados (Páginas de Espuma, 2011), que incluye una serie de piezas breves —algunas de ellas auténticos microrrelatos— entre las que se encuentra Novela policiaca.
El autor: Paul M. Viejo
Paul M. Viejo (Madrid, 1978) es escritor, editor, poeta, dramaturgo y crítico literario, una de esas figuras discretas pero esenciales del panorama español contemporáneo. Formado en Filología Eslava, su mirada literaria combina rigor filológico, ironía inteligente y una sensibilidad muy afinada para las formas breves.
Debutó con fuerza en la poesía —Premio Blas de Otero por Extraña forma de memoria— y pronto amplió su territorio creativo hacia la narrativa y el teatro. Su libro Los ensimismados lo consolidó como un autor especialmente dotado para el microrrelato, donde despliega humor, precisión y un gusto por la miniatura conceptual. También ha cultivado el ensayo, como demuestra su Sherlock Holmes. Biografía, ejemplo de su interés por la tradición anglosajona y por los mecanismos del relato detectivesco.
En paralelo, Viejo ha desarrollado una sólida trayectoria como editor y antólogo, trabajando con autores como Ana Rossetti o Elsa López, y colaborando en medios culturales como Público, Mercurio o el suplemento de ABC. Su escritura se caracteriza por la claridad, la ironía y una capacidad notable para desmontar géneros desde dentro.
En conjunto, Paul M. Viejo es un autor versátil, preciso y consciente de la tradición literaria, que ha hecho de la brevedad un espacio de experimentación y de la edición un ejercicio de lectura profunda.




