Popar, ternura y desdén

Nuestra sección Rescatando palabras olvidadas busca devolver al idioma esos matices que el uso cotidiano ha ido dejando en penumbra.

Entre esos términos destaca popar, un verbo que, pese a su sonoridad clara y su enorme riqueza expresiva, ha quedado relegado a los diccionarios. Sin embargo, sus orígenes, sus significados y su sorprendente versatilidad lo convierten en un candidato perfecto para volver a la vida cotidiana.

Popar. Orígenes

El verbo popar aparece documentado desde épocas tempranas del castellano, probablemente derivado de onomatopeyas relacionadas con pequeños golpes o contactos suaves.

Su evolución lo llevó a adquirir sentidos figurados y afectivos, lo que demuestra que fue un verbo vivo, moldeado por el uso popular. Con el tiempo, la lengua lo fue desplazando en favor de términos más comunes, pero su presencia en textos antiguos revela que tuvo una vida rica y variada.

Significados

Popar no es un verbo plano ni limitado. Su amplitud semántica y la variedad de matices que encierra en sus acepciones son lo que lo convierte en una pieza lingüística tan valiosa.

  • En una de sus acepciones, significa despreciar o tener en poco a alguien, un matiz que combina desdén y ligereza, como si el desprecio no fuera violento, sino desdeñosamente suave.
  • En otra, significa acariciar o halagar, un sentido que lo acerca al gesto afectuoso, íntimo, casi doméstico.
  • Y también puede significar tratar con blandura y cuidado, mimar, una acepción que lo convierte en un verbo cálido, protector, tierno.

Pocas palabras abarcan con tanta naturalidad un espectro que va del desdén al mimo, y esa amplitud lo vuelve especialmente expresivo.

Usos que merecen revivir

  • En su sentido afectivo, popar podría describir gestos cotidianos que hoy expresamos con perífrasis: popar a un niño, a un gato, a alguien que necesita consuelo.
  • En su sentido de halago, recuperaríamos un tono suave y elegante: popar a un invitado o a un amigo con palabras amables.
  • Incluso su acepción de desprecio tiene un matiz literario que enriquecería la prosa contemporánea, permitiendo describir un desdén ligero, casi irónico, sin recurrir a verbos más duros.

Curiosidades

La coexistencia de significados tan distintos no es un defecto, sino una muestra de la flexibilidad del español. Muchos verbos antiguos tenían esta amplitud semántica y popar es un ejemplo perfecto de cómo una palabra puede adaptarse a contextos emocionales muy diferentes.

Además, su sonoridad breve y rítmica lo hace fácil de recordar y de pronunciar, lo que contribuyó a su popularidad en épocas pasadas.

Popar. ¿Por qué debemos rescatarlo del olvido?

Recuperar popar no es un capricho sino una forma de devolver al idioma una herramienta expresiva que permite describir matices que hoy expresamos con rodeos.

Cuando la lengua tiende a simplificarse, rescatar palabras que aportan precisión emocional es casi un acto de resistencia cultural.

Popar nos permite hablar con más sutileza, más calidez o más ironía, según la acepción que elijamos. Y, sobre todo, nos recuerda que el idioma no solo se hereda: también se cultiva.

popar. Ilustración en sepia de un hombre acariciando con ternura la cabeza de un niño sentado, ambos con los ojos cerrados

Artículos relacionados

Turbamulta, el nombre del caos

Turbamulta, el nombre del caos

La palabra turbamulta procede del latín turba, que designa a la muchedumbre y de multus, que remite a la abundancia. La fusión de ambos elementos no es casual: desde su origen, el término apunta a una masa humana numerosa y agitada, una multitud que no solo existe,...

leer más
Centón: arte y engaño

Centón: arte y engaño

Repasando nuestro archivo para elaborar otro artículo en hablarydecir, descubrimos que un famoso escritor del siglo XVIII decía sobre otro colega contemporáneo suyo, que era un acumulador y embalador de centones. Los nombres no los citaremos pero el comentario que nos...

leer más
Encomendero: uno y otro

Encomendero: uno y otro

Encomendero procede directamente de encomienda, institución central del sistema colonial hispánico. El sustantivo deriva del verbo encomendar, del latín in commendāre, poner bajo cuidado de alguien. El sufijo -ero no es ornamental: designa al sujeto que ejerce una...

leer más