Quizá ya lo sabía, pero el Mar Mediterráneo recibe su nombre del latín Mare Medi Terraneum, que significa mar en medio de las tierras. Esta denominación describe su ubicación geográfica, situado entre Europa, África y Asia, y refleja su realidad geográfica y cultural.
Los griegos lo llamaban Mesogeios Thalassa (mar entre tierras), los árabes al-Baḥr al-Mutawāsiṭ (mar intermedio) y los romanos Mare Nostrum (nuestro mar).
Las diferentes civilizaciones lo han bautizado según su perspectiva. Los egipcios lo llamaban el Gran Verde por su inmensa extensión de agua que contrastaba con el desierto circundante. El color verde representaba para ellos vida, fertilidad y regeneración. Los turcos lo denominaban Ak Deniz, mar blanco, como parte de un sistema de orientación basado en colores. Esta nomenclatura contrastaba con el Mar Negro (Karadeniz) y reflejaba la posición del Mediterráneo al oeste o sur de sus territorios. En la cultura turca antigua, el blanco se asociaba con estas direcciones, mientras que el negro representaba el norte, influyendo así en la forma de nombrar y concebir geográficamente los mares y regiones circundantes.
La etimología latina Medi Terraneum no solo describe su ubicación, sino también simboliza un espacio de confluencia cultural en un mar que ha sido cuna de civilizaciones y punto de conexión entre continentes.