Valentín González: el Campesino

Valentín González nació en 1904 en Malcocinado, en una Extremadura rural y empobrecida donde la escolarización era mínima y el jornal agrícola marcaba el horizonte vital.

Sus orígenes

Su apodo, El Campesino, fue la constatación de un origen que él mismo convirtió en identidad política. Antes de la Guerra Civil fue minero y peón, siempre en entornos donde el sindicalismo y la conflictividad laboral eran parte del clima social.

Su formación ideológica fue más vivencial que doctrinal: absorbió el comunismo como un marco de lucha y disciplina, no como un corpus teórico. El Partido Comunista de España lo acogió como militante combativo, útil en un momento en que la organización necesitaba figuras de acción más que cuadros intelectuales.

El Campesino: comunismo sin base

El comunismo de El Campesino fue un comunismo de trinchera, marcado por la obediencia vertical, el antifascismo militante y la convicción de que la violencia era un instrumento legítimo de transformación. No fue un lector de Marx, sino un ejecutor de consignas. Su lealtad al PCE y a la Unión Soviética se reforzó durante la guerra, cuando la propaganda lo elevó a símbolo del campesino revolucionario que se convierte en comandante.

Esa construcción pública convivió con un carácter explosivo, autoritario, violento y profundamente personalista, que lo llevó a chocar incluso con otros mandos republicanos.

Ascenso y consolidación de un mito

Con el estallido de la Guerra Civil, González se integró en las milicias comunistas y destacó por su audacia y su capacidad para imponerse en situaciones caóticas. El PCE lo convirtió en comandante de la 46.ª División, una unidad fuertemente politizada.

Su figura fue explotada por la propaganda soviética y republicana: el campesino pobre que se transforma en héroe revolucionario. Esa imagen, sin embargo, ocultaba tensiones internas, improvisación táctica y un estilo de mando que generó tanto admiración como temor.

Violencia, abusos y episodios controvertidos

La trayectoria del Campesino está rodeada de acusaciones de violencia extrema, tanto en el frente como en la retaguardia. Diversos testimonios de combatientes republicanos, junto con estudios de historiadores como Hugh Thomas o Paul Preston, coinciden en describirlo como un jefe duro hasta la brutalidad.

Se le atribuyen ejecuciones sumarias de subordinados por indisciplina, represalias internas contra milicianos considerados desafectos y métodos coercitivos para mantener la obediencia. En zonas bajo su control se denunciaron abusos contra civiles sospechosos de simpatizar con el bando sublevado.

La documentación es desigual: abundan los testimonios, pero no hubo procesos judiciales formales. Su propia autobiografía, escrita años después, mezcla confesión, autojustificación y exageración, lo que complica separar el hecho del mito.

La caída: del héroe soviético al preso del Gulag

Tras la derrota republicana, huyó a la Unión Soviética. Allí pasó de ser un icono propagandístico a convertirse en un elemento incómodo. Su carácter indisciplinado y sus críticas al partido provocaron su arresto y su internamiento en campos de trabajo soviéticos. La experiencia del Gulag quebró su relación con el comunismo soviético y lo transformó en un testigo incómodo de las contradicciones del sistema que había defendido. Su ruptura con el PCE fue total y definitiva.

El Campesino: exilio y consecuencias

Tras salir de la URSS vivió en Francia y México, donde publicó memorias que combinaban denuncia, auto-mitificación y ajuste de cuentas.

Regresó a España en los últimos años de su vida y murió en Madrid en 1983. Su legado es contradictorio: símbolo de la militarización comunista durante la guerra, figura temida por su violencia interna, víctima del estalinismo. Y, sobre todo, protagonista de episodios oscuros cuya sombra sigue acompañándolo.

La historiografía lo recuerda como un personaje turbulento, más útil para entender la lógica de la propaganda y la fractura interna del bando republicano que como estratega militar.

En hablarydecir lo dejamos en el sitio que creemos que le corresponde: la prisión eterna de Criminales y otros delincuentes.

Retrato en blanco y negro de Valentín González 'El Campesino' con uniforme militar, rodeado de varias personas en segundo plano

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