¿Por qué se llama Lisboa?
Lisboa, capital de Portugal y joya del Atlántico, no solo deslumbra por sus colinas, su luz y su historia milenaria. También intriga por su nombre, cuya etimología ha sido objeto de debate durante siglos. ¿Fue bautizada por navegantes fenicios? ¿Por colonos romanos? ¿O acaso por el mítico Ulises? La respuesta no es única, pero cada hipótesis revela una capa del pasado de la ciudad.
Lisboa. Puerto seguro
Una de las teorías más antiguas atribuye el origen del nombre a los fenicios, grandes navegantes del Mediterráneo que habrían llegado a la desembocadura del Tajo en busca de rutas comerciales. Según esta hipótesis, Lisboa derivaría de Alis Ubo, que en fenicio significaría puerto seguro. Esta interpretación encaja con la geografía de la ciudad, protegida por colinas y abierta al mar, ideal para el comercio y la navegación.
Olissipo: el legado romano
Con la expansión del Imperio romano, la ciudad pasó a llamarse Olissipo o Olisipo. Los romanos latinizaron nombres locales y dejaron huella en la cultura y arquitectura de la región.
Algunos estudiosos creen que Olissipo podría ser una evolución del nombre fenicio, mientras que otros lo vinculan con el río Tajo, entonces llamado Tagus, y con la palabra ops, que en latín significa riqueza. Así, Olissipo sería la ciudad rica del Tajo.
Ulises y la fundación mítica
La versión más romántica y legendaria sostiene que Lisboa fue fundada por Ulises, el héroe griego de la Odisea, durante su largo viaje de regreso a Ítaca. Según esta tradición, Ulises habría establecido una colonia en la desembocadura del Tajo, bautizándola como Olissipo en honor a sí mismo. Aunque esta teoría carece de base arqueológica sólida, ha perdurado en la imaginación popular y en la literatura portuguesa, alimentando el aura mítica de la ciudad.
La evolución hacia Lisboa
Con el paso de los siglos, Olissipo fue transformándose fonéticamente. La influencia árabe durante la ocupación musulmana entre los siglos VIII y XII también dejó su huella, aunque el nombre no cambió radicalmente.
Tras la Reconquista cristiana, el nombre evolucionó hacia Lixbona y finalmente Lisboa, como se conoce hoy. Esta transformación refleja el mestizaje lingüístico y cultural que define la historia portuguesa.
Conclusión: un nombre y mil historias
Lisboa no tiene un origen único ni definitivo en su nombre, pero eso no le resta valor. Al contrario, lo enriquece.
Cada teoría —histórica, lingüística o mitológica— aporta una perspectiva distinta sobre la ciudad y su papel en el mundo antiguo. Lisboa es, en esencia, una síntesis de culturas, leyendas y lenguas. Su nombre, como sus calles empedradas, guarda secretos que solo se revelan a quienes se atreven a explorarlos.