Hioides, herradura del lenguaje

octubre 15, 2025

¿Para qué sirve el hueso hioides?

Es el único hueso del cuerpo humano que no articula con ningún otro. Flota, literalmente, en la garganta, sostenido por músculos y ligamentos.

Esta singularidad anatómica lo convierte en una especie de eje oculto entre la boca, la lengua y la laringe. Su forma de herradura, discreta pero precisa, permite funciones vitales que solemos dar por sentadas: hablar, tragar, respirar.

Hioides. Función y paradoja

Aunque pequeño, es un hueso esencial para la fonación. Sirve de anclaje a la lengua y a los músculos que elevan la laringe durante el habla. También interviene en la deglución, coordinando el cierre de la tráquea para evitar que los alimentos se desvíen. En la respiración, regula el paso del aire por las vías superiores. Su paradoja es evidente: cuanto más silencioso su trabajo, más eficaz su función. Es aquello que no se ve, pero permite que todo se exprese.

Simbolismo y memoria corporal

Desde una perspectiva simbólica, el hioides puede interpretarse como el umbral entre el pensamiento y su expresión. No articula con otros huesos, pero articula el lenguaje.

Su fractura, en ámbitos forenses, suele indicar estrangulamiento, lo que le confiere una dimensión trágica: es el hueso que muere cuando se impide la palabra. En ese sentido, el hioides no solo sostiene funciones fisiológicas, sino también memorias culturales del habla, del grito, del silencio.

Conclusión

No es solo una rareza anatómica: es una bisagra invisible entre el cuerpo y el lenguaje. Estando suspendido sin otro contacto óseo, es articulador de funciones vitales. Su estudio no debería limitarse a la anatomía funcional, sino abrirse a la semiótica, la historia del cuerpo y la crítica simbólica. En él convergen la biología y la cultura, la mecánica y el misterio, la fisiología y la memoria.

Este hueso, que permite hablar, tragar y respirar, también guarda silencios: su fractura es signo forense de violencia, su forma evoca la herradura del lenguaje, y su flotación lo convierte en metáfora de lo suspendido, lo latente, lo que está a punto de decirse. Es el hueso que no toca a otros, pero toca todo lo que somos cuando decimos yo.

Hioides. Ilustración anatómica del cuello humano mostrando el hueso hioides suspendido entre músculos y estructuras respiratorias, sin contacto óseo directo

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