La desigual Ana Redondo

marzo 23, 2025

Hay que ser muy observador, tener muy mal gusto y tragarse muchas horas de telediarios teledirigidos para tener una imagen medianamente clara de cómo es físicamente esta tal Ana Redondo, la nueva inquilina del despacho de Alcalá, 37. Como estamos casi seguros de que usted no cumple, afortunadamente, con esas tres condiciones, le vamos a hacer una caricatura de la interfecta. Muy realista, eso sí.

Ana Redondo, que  parece haber llegado con la misión de desinfectar el Ministerio tras el ágrafo e ignorante huracán Montero es la nueva sheriff del Ministerio de Igualdad. Llegó al despacho de Alcalá 37 como quien entra en una fiesta sorpresa: sin hacer ruido y con cara de no romper un plato. Y es que esta vallisoletana de perfil bajo parece haber adoptado la estrategia del camaleón ministerial: estar ahí sin que nadie se dé cuenta.

Con un currículum en el que no falta la anotación de haber sido la mano derecha de Óscar Puente en Valladolid (porque todo buen político necesita un mentor con carácter), Redondo se ha propuesto pacificar el feminismo con la sutileza de quien intenta apagar un incendio con un vaporizador. Su lema parece ser si no me ven, no me critican, una táctica que ha llevado al extremo de casi desaparecer del mapa mediático.

Ministra Redonda

Está claro que Ana Redondo debería ser Ana Redonda, porque, evidentemente, la geometría y la gramática deben someterse a las exigencias del feminismo. Sin embargo, parece que la ministra ha decidido mantener su apellido tal como es, quizás porque no quiere que su identidad se vea redondeada por las expectativas sociales. Pero si Ana Redondo fuera a cambiar su apellido por razones de género, probablemente deberíamos sugerirle también que cambiase su cargo a Ministra de la Geometría y la Igualdad, para que todo encaje perfectamente.

Así que, por favor, no le pidamos a Ana Redondo que redondee nada; mejor apoyémosla en su misión de hacer que la sociedad sea más justa y equitativa para todos, sin importar la forma de sus apellidos y aunque nadie se lo crea.

Ministra Redondo

En sus apariciones públicas, nuestra ministra despliega un carisma tan arrollador que hasta las paredes del ministerio bostezan, tapándose la boca, eso sí. Sus discursos, cuidadosamente elaborados para no ofender ni a las piedras, ni siquiera a las de la ultraderecha, que ya están acostumbradas a las majaderías de unos y otros, son el perfecto remedio contra el insomnio. Mientras tanto, en las redes sociales, sus tuits compiten en emoción con el prospecto de un ibuprofeno y, casi siempre ganan estos..

Pero no nos engañemos, bajo esa apariencia de funcionaria aplicada se esconde una estratega capaz de navegar las turbulentas aguas del feminismo con la gracia de un pato en aguas tranquilas: sin hacer olas y con cara de no entender ni bien ni mal lo qué está pasando.

En resumen, Ana Redondo es al Ministerio de Igualdad lo que la sopa tibia a un banquete de alta cocina: está ahí, cumple su función, pero nadie se emociona demasiado. Al menos, como dice el refrán, en boca cerrada no entran moscas… ni polémicas.

Otra culpable, otra oclócrata, otra cristófoba, otra falaz y criminal socialista.

Algunas perlas

  1. Declaraciones sobre la Ley del ‘Solo sí es sí’. Afirmó que los efectos negativos de la norma eran anécdotas puntuales.
  2. Críticas por machismo rancio. Durante un enfrentamiento parlamentario, Redondo acusó al Partido Popular de machismo rancio y negacionismo en relación con las políticas de igualdad. Aunque sus declaraciones buscaban ser contundentes, el tono elevado y la falta de argumentos más sólidos fueron criticados como excesivamente beligerantes y poco constructivos.
  3. Comentarios sobre la Ley Trans. En defensa de la Ley Trans, Redondo afirmó que los casos de maltratadores que intentaron acogerse a cambios legales para reducir condenas eran mínimos (0,001 %). Aunque sus palabras buscaban tranquilizar a la opinión pública, fueron percibidas como una minimización del problema y generaron críticas por parte de quienes consideraban que debía abordar el tema con mayor sensibilidad.
  4. Uso excesivo de términos partidistas. Redondo ha sido criticada por utilizar un lenguaje excesivamente partidista en temas relacionados con igualdad y derechos sociales. Esto ha llevado a acusaciones de politización de cuestiones que deberían ser tratadas desde una perspectiva más técnica y menos ideológica.
Ministra Ana Redondo

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