Blas Antonio de Nasarre y Férriz (Alquézar, Huesca, 1689-Madrid, 1751) sucedió a Manuel Pellicer de Velasco en la silla X de la RAE en noviembre de 1733, donde permaneció hasta su muerte, el 13 de abril de 1751.
Blas Antonio de Nasarre. Su formación
La infancia de Nasarre quedó marcada por la orfandad temprana: a los ocho años perdió a sus padres y se trasladó a Madrid bajo la tutela de un tío. Poco después se estableció en Zaragoza, donde inició una formación que sería decisiva para su trayectoria intelectual. Allí estudió con los jesuitas, en un ambiente académico exigente que lo encaminó hacia los estudios superiores y hacia una temprana vocación humanística.
En la Universidad de Zaragoza se licenció y doctoró en Filosofía y Leyes, un doble perfil que combinaba la tradición escolástica con la incipiente modernización jurídica del siglo XVIII. Su talento fue reconocido pronto: en 1711 obtuvo una cátedra en la misma universidad. Años más tarde, en 1726, recibió las órdenes sacerdotales, aunque su carrera no se orientaría hacia la vida eclesiástica sino hacia la erudición, la gestión bibliográfica y el estudio crítico de los textos.
Traslado a Madrid y giro profesional
En 1730 Nasarre se trasladó a Madrid y ese mismo año fue elegido académico supernumerario de la RAE, un reconocimiento que lo integraba en una institución joven pero ya decisiva para la cultura del país. Su ingreso como numerario se formalizó el 24 de noviembre de 1733, convirtiéndose en el cuarto ocupante de la silla X.
Académico y bibliotecario mayor
La vinculación de Nasarre con la Real Academia Española fue intensa. En 1732 había sido nombrado suplente del bibliotecario mayor de la Real Biblioteca, el también académico Juan de Ferreras.
Ese nombramiento le otorgaba el derecho a suceder al titular cuando quedara vacante el puesto, lo que ocurrió en junio de 1735 tras la muerte de Ferreras. Desde entonces, Nasarre ejerció como bibliotecario mayor del rey, uno de los cargos culturales más relevantes de la monarquía borbónica.
Su labor en la Academia fue igualmente significativa. Retomó el trabajo que había quedado inconcluso tras la muerte de Pellicer, participó en la redacción del Diccionario de autoridades y redactó elogios y necrologías, entre ellas la dedicada a Mercurio López Pacheco, segundo director de la corporación.
Su papel en la adquisición de la biblioteca particular de Vincencio Squarzafigo, primer secretario de la RAE, fue determinante: junto con Vicente García de la Huerta negoció la compra de sus cerca de mil volúmenes por quince mil reales, una operación clave para completar el Diccionario de autoridades.
Erudición, controversias y aportaciones
En su tiempo se le consideró como un erudito de vastísimo prestigio.
Sin embargo, la crítica posterior ha matizado ese prestigio. Alonso Zamora, en La Real Academia Española, señala que Nasarre escribió verdaderas incongruencias sobre Cervantes, Lope de Vega, Calderón, etc. Aun así, reconoce que esos desajustes críticos tuvieron efecto positivo: Nasarre descubrió datos inéditos sobre la biografía de Cervantes, lo que demuestra que su labor contribuyó al conocimiento de los clásicos españoles.
Blas Antonio de Nasarre. Últimos años
Blas Antonio de Nasarre murió en Madrid el 13 de abril de 1751. Su elogio académico lo redactó Montiano y Luyando y lo publicó la propia Academia ese mismo año. Tras su fallecimiento, su valiosa biblioteca privada —una de las más ricas de su tiempo— se vendió y dispersó, perdiéndose la unidad de un fondo que reflejaba décadas de estudio, coleccionismo y dedicación intelectual.
La figura de Nasarre permanece hoy como la de un erudito fundamental para comprender la consolidación de la RAE, el desarrollo de la crítica literaria dieciochesca y la historia de la Real Biblioteca en el reinado de Felipe V.




