¿Qué fue el efecto Matilda?
Designa el borrado sistemático de las mujeres en la historia científica: sus descubrimientos se ignoraron, minimizaron o se atribuyeron a colegas varones.
Origen del efecto Matilda
Sus raíces se hunden en el siglo XIX, cuando la sufragista y abolicionista estadounidense Matilda Joslyn Gage denunció por primera vez, de manera explícita y documentada, la apropiación masculina de descubrimientos realizados por mujeres.
En su ensayo The Woman as Inventor (1883), Gage desmontó la idea de que las mujeres carecían de capacidad inventiva y mostró cómo, una y otra vez, sus aportaciones eran ignoradas o atribuidas a hombres. Su análisis no era anecdótico: respondía a un patrón social y cultural que afectaba tanto a la ciencia como a la técnica, la literatura o la vida pública.
La elección de su nombre para designar el fenómeno no es un homenaje vacío: Gage fue la primera en describirlo con claridad, y su denuncia constituye el antecedente directo del concepto moderno del efecto Matilda.
La formulación moderna y la historiografía de la ciencia
Más de un siglo después, en 1993, la historiadora Margaret W. Rossiter, especialista en la historia de las mujeres en la ciencia, sistematizó el fenómeno y lo bautizó como efecto Matilda. Margaret Rossiter no solo recuperó casos aislados: construyó una categoría historiográfica que permitía comprender cómo la estructura académica, los sistemas de autoría y las jerarquías institucionales habían favorecido la apropiación masculina del mérito científico.
Rossiter documentó ejemplos paradigmáticos, como el de Rosalind Franklin, cuya contribución esencial a la estructura del ADN fue minimizada en favor de Watson y Crick, o el de Lise Meitner, cuya interpretación teórica de la fisión nuclear quedó eclipsada por Otto Hahn, receptor del Nobel de Química en 1944. Estos casos no eran excepciones: eran la manifestación visible de un mecanismo persistente.
La ciencia como institución excluyente
El efecto Matilda no puede entenderse sin atender al contexto histórico de exclusión sistemática de las mujeres en la ciencia.
Durante siglos, las universidades restringieron su acceso a la educación superior; incluso cuando lograban formarse, se les negaban laboratorios, financiación o puestos docentes estables. La propia Rossiter demostró que, hasta bien entrado el siglo XX, las mujeres científicas eran relegadas a posiciones subalternas como ayudantes o asistentes incluso cuando dirigían proyectos completos.
Este marco explica por qué sus descubrimientos podían absorberse por colegas masculinos: ellos ocupaban las cátedras, firmaban los artículos, recibían los premios y controlaban los canales de legitimación científica. El efecto Matilda no es un accidente, sino la consecuencia de un sistema que distribuía autoridad y visibilidad desigualmente.
Casos e impacto historiográfico
La literatura científica y divulgativa ha recuperado numerosos ejemplos que ilustran el alcance del fenómeno. El caso de Franklin es quizá el más citado, pero no el único.
La matemática Sophie Germain, la física Lise Meitner y la química Rosalind Franklin aparecen como ejemplos recurrentes en estudios contemporáneos sobre el efecto Matilda. Estos casos han permitido reescribir la historia de la ciencia, mostrando que la ausencia de mujeres en los relatos tradicionales no respondía a falta de aportaciones, sino a un proceso activo de borrado.
La historiografía reciente ha demostrado que muchas de las grandes narrativas científicas del siglo XX se construyeron sobre omisiones deliberadas o sobre la atribución selectiva del mérito.
Efecto Matilda: persistencia y reconocimiento
Aunque el efecto Matilda se asocia con episodios históricos, las fuentes actuales subrayan que sigue vigente.
Instituciones científicas como el CSIC recuerdan que la subestimación de las contribuciones femeninas continúa manifestándose en la autoría de artículos, la concesión de proyectos o la visibilidad mediática de los descubrimientos. Iniciativas como No more Matildas, inspirada directamente en Gage, buscan combatir esta persistencia, ofreciendo referentes femeninos y promoviendo la revisión crítica de relatos científicos tradicionales.
Un concepto necesario para comprender la historia de la ciencia
El efecto Matilda es una herramienta para entender la construcción del conocimiento y quién queda fuera de su relato. Su fuerza reside en que permite identificar un patrón histórico, rastrear sus causas y corregir sus consecuencias.
La ciencia, como cualquier institución humana, se escribe desde posiciones de poder. El efecto Matilda revela cómo ese poder moldea la memoria científica, y por qué es imprescindible revisarla para que la historia del conocimiento sea completa.




