Gregorio Marañón y Posadillo nació en Madrid el 19 de mayo de 1887, en el seno de una familia de clase media ilustrada, hijo del jurista Manuel Pérez Marañón y Gómez-Acebo. La muerte temprana de su madre, cuando él tenía tres años, marcó una infancia en la que la biblioteca paterna y el trato con amigos intelectuales de su padre —como Menéndez Pelayo, José María de Pereda o Pérez Galdós— alimentaron una vocación temprana por la lectura y el pensamiento.
Ese ambiente, a caballo entre el mundo del derecho, la literatura y la erudición, explica en parte que su horizonte intelectual nunca quedara limitado a la práctica médica, sino que se abriera desde muy pronto a la historia, las letras y el debate público.
Gregorio Marañón. Formación
Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Madrid, donde obtuvo la licenciatura en 1909 y el doctorado en 1910. Entre sus profesores destacó la influencia decisiva de Santiago Ramón y Cajal, a quien consideró una referencia intelectual y moral permanente.
Tras su doctorado, completó su formación en Alemania, donde fue discípulo de Paul Ehrlich, uno de los grandes nombres de la medicina experimental de la época, lo que lo situó en la vanguardia científica europea y le dio una base sólida para su futura dedicación a la endocrinología.
Actividades profesionales, científicas y públicas
Marañón se convirtió en una figura central de la medicina española de la primera mitad del siglo XX. Se especializó en endocrinología y en la relación entre las glándulas de secreción interna y la psicología, participando en la consolidación de la endocrinología como disciplina en España. Formó parte del grupo de investigadores que exploró la conexión entre endocrinología y procesos emocionales, contribuyendo a describir la relación entre la emoción y las descargas de adrenalina.
Paralelamente, fue un activo ensayista y figura pública, vinculado a la llamada Generación de 1914, con intensa participación en la vida intelectual y política de la España de su tiempo. Llegó a ser diputado a Cortes por Zamora durante la II República, lo que muestra que su intervención en la esfera pública no fue meramente opinativa, sino institucional.
Su prestigio le abrió las puertas de varias academias: fue miembro de la Real Academia Española, de la Real Academia de la Historia, de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
Aportaciones médicas, históricas y ensayísticas
Marañón es pionero de la endocrinología española y figura relevante a nivel internacional. Sus trabajos sobre tiroides, suprarrenales, hipófisis y su relación con el temperamento y la conducta contribuyeron a establecer un marco clínico y teórico que vinculaba fisiología y psicología, en una época en la que esa interrelación estaba todavía en construcción. Su labor docente y hospitalaria consolidó una escuela y una forma de entender la medicina impregnada de humanismo.
Como historiador y biógrafo, produjo obras de largo alcance sobre figuras como el emperador Tiberio o el Conde-Duque de Olivares, así como estudios sobre Amiel y otros personajes, combinando rigor documental con análisis psicológico. Su ingreso en la Real Academia de la Historia y la perduración de estas biografías como referencias de lectura muestran que su trabajo histórico fue una clara contribución al conocimiento.
En el campo del ensayo, su producción abarca temas de ética, sexualidad, temperamento, liberalismo, España y Europa, situándolo como uno de los grandes ensayistas españoles del siglo XX. Su pensamiento se inscribe en la tradición del liberalismo español y del médico-humanista europeo, articulando reflexiones sobre la condición humana, la sociedad y la política desde una base científica y una sensibilidad moral muy marcada.
Gregorio Marañón. ¿Por qué polímata?
La consideración de Gregorio Marañón como polímata se apoya en hechos. En primer lugar, su obra es original y sustantiva en más de una disciplina mayor: medicina (y, dentro de ella, endocrinología), historia y biografía, ensayo y pensamiento humanista. No se trata de incursiones marginales, sino de producciones que han dejado huella y siguen siendo objeto de lectura y estudio.
En segundo lugar, el reconocimiento institucional en academias de campos distintos —lengua, historia, bellas artes, ciencias— indica que sus pares especializados lo valoraron como miembro de pleno derecho en ámbitos diversos, algo poco frecuente y que constituye un indicador objetivo de polimatía.
En tercer lugar, su trayectoria muestra una integración coherente de saberes: su mirada médica informa sus biografías y ensayos, su sensibilidad histórica matiza su reflexión política, y su humanismo atraviesa toda su producción.
No son compartimentos estancos, sino un sistema intelectual que articula ciencia, historia y ética. Esa capacidad de síntesis, unida a la amplitud de su obra y al reconocimiento que obtuvo en todos esos campos, justifica con rigor que lo consideremos uno de los grandes polímatas españoles del siglo XX.




