Iceta: oclócrata de salón

agosto 29, 2025

Miquel Iceta: el político ornamental que bailó más que gobernó.

Iceta, el socialista que no quiso gobernar

Miquel Iceta representa una anomalía en la política española: un dirigente que jamás aspiró a transformar nada, pero que supo mantenerse en escena durante décadas. No por sus ideas, ni por su gestión, ni por su liderazgo. Por su docilidad.

Fue el primer socialista en salir del armario, sí. Y el primero en convertir la política en espectáculo. Bailó en campaña, posó en entrevistas, se convirtió en meme. Pero nunca en referente. Iceta no hablaba: ensayaba. No debatía: sonreía. No proponía: se ofrecía.

Su carrera es una sucesión de cargos sin poder: presidente del PSC, candidato a la Generalidad catalana, ministro de Política Territorial, ministro (ágrafo) de Cultura, embajador ante la UNESCO. Siempre en movimiento, nunca en mando. Siempre disponible, nunca decisivo.

Iceta: el oclócrata de salón de baile

Durante el procés catalán, Iceta se vendió como el hombre del medio. Ni independentista ni centralista. Ni rupturista ni inmovilista. Pero esa equidistancia no era estrategia: era vacío. No medió. No propuso. No incomodó. Fue el equilibrista sin red, el socialista sin socialismo, el catalán sin Cataluña.

Cuando apoyó la aplicación del artículo 155 de la Constitución, perdió el favor de los suyos y el respeto de los otros. Pero no dimitió. No se rebeló. No explicó. Siguió bailando. Porque Iceta no defiende causas: se adapta a contextos.

El ministro de lo irrelevante

Pedro Sánchez lo nombró ministro de Política Territorial. Duró seis meses. Lo mandó a Cultura y Deporte, donde Iceta se convirtió en el ministro de las medallas, de la ley antidopaje, del Centro Nacional de Fotografía. No gestionó crisis. No impulsó reformas. No dejó huella. Pero decoró el cargo con elegancia.

Su paso por el Gobierno fue ceremonial. Un gesto. Un guiño. Un adorno. Y cuando lo cesaron, lo enviaron a la UNESCO. Porque Iceta no molesta, no compite, no exige. Es el político que siempre está disponible para lo que no importa.

El legado de Iceta: el oclócrata de salón

Iceta no deja leyes memorables, ni victorias electorales, ni hegemonías ideológicas. Deja gestos. Frases suaves. Artículos sobre federalismo que nadie leyó. Pasos de baile que nadie imitó. Y una imagen: la del político que prefiere gustar antes que gobernar.

Iceta no es una excepción: es el síntoma. El síntoma de un PSOE que ha dejado de ser partido para convertirse en aparato. Que ha dejado de ser ideología para convertirse en protocolo. Que ha dejado de ser fuerza transformadora para convertirse en gestor de la corrupción y los intereses especiales.

Un PSOE que premia la obediencia, castiga la disidencia y fabrica ministros como quien elabora medallas: para colgar, no para usar. Iceta es el socialismo que no incomoda porque ya no tiene nada que decir. El socialismo que baila mientras otros, arriba, deciden. El socialismo que se exhibe para parecer vivo, pero que hace tiempo pactó su muerte.

Caricatura de Miquel Iceta, oclócrata de salón, con gesto teatral, traje ajustado y carpeta en mano, en estilo editorial satírico

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