Jerónimo Zurita

enero 3, 2026

Jerónimo Zurita ocupa un lugar singular en la historia intelectual de España: no fue un cronista más, sino el artífice de una nueva manera de escribir el pasado.

Su obra monumental, construida con paciencia de archivero y ambición de humanista, convirtió la historia en un ejercicio de método, crítica y responsabilidad pública.

Zurita. Orígenes

Nacido en Zaragoza en 1512, en el seno de una familia vinculada a la administración aragonesa, Jerónimo Zurita creció en un ambiente donde la cultura escrita y el servicio público formaban parte de la vida cotidiana.

Su padre, Miguel de Zurita, había sido médico de Fernando el Católico, un detalle que no solo revela el entorno intelectual en el que se movía la familia, sino también la temprana exposición del joven Jerónimo a los círculos cortesanos y a la conciencia de que la historia era, ante todo, un instrumento de gobierno.

Humanismo e historiografía

Zurita se formó en Alcalá de Henares, uno de los grandes centros del humanismo peninsular. Allí estudió lenguas clásicas, filosofía y derecho, y entró en contacto con el espíritu crítico que caracterizaba a la universidad complutense. Esa formación fue decisiva: le proporcionó las herramientas filológicas y metodológicas que más tarde aplicaría a la documentación histórica con una disciplina inédita en España.

Su vocación historiográfica no nació de la erudición abstracta, sino de la convicción de que el pasado debía reconstruirse a partir de documentos auténticos, comparados, fechados y contextualizados. Esta idea, hoy evidente, era revolucionaria en el siglo XVI.

El cronista que fundó un método

En 1548 fue nombrado Cronista del Reino de Aragón, un cargo que transformó por completo. En lugar de limitarse a compilar relatos previos, emprendió una investigación sistemática en archivos de Aragón, Castilla, Navarra, Italia y Flandes.

Su obra mayor, los Anales de la Corona de Aragón, es el resultado de décadas de trabajo y constituye un hito por su rigor documental, su estructura cronológica y su voluntad de explicar los hechos desde sus últimas causas.

Zurita entendió que la historia debía ser una disciplina crítica, no un repertorio de glorias. Su estilo sobrio, su atención al detalle y su rechazo a la invención literaria lo convierten en un precursor directo de la historiografía moderna.

Actividades públicas y servicio al Estado

Además de historiador, Zurita fue un servidor del Estado. Participó en misiones diplomáticas, asesoró en cuestiones de gobierno y mantuvo una relación constante con los principales centros de poder de su tiempo. Su trabajo como archivero y su conocimiento de la documentación le otorgaron una autoridad excepcional en asuntos jurídicos e institucionales.

Su figura encarna la idea renacentista del intelectual al servicio de la comunidad política, pero con una especificidad: su lealtad no era a un monarca concreto, sino a la verdad histórica como fundamento del buen gobierno.

Zurita. Rasgos personales y curiosidades históricas

Zurita fue un hombre de carácter reservado, metódico y disciplinado. Sus contemporáneos lo describen como alguien más inclinado al estudio que a la vida cortesana, y su correspondencia revela una personalidad prudente, consciente de la responsabilidad que implicaba fijar por escrito la memoria de un reino.

Una curiosidad significativa es su obsesión por la autenticidad documental: llegó a copiar personalmente miles de documentos para asegurarse de que nada se perdiera. También es notable su relación con otros humanistas europeos, que lo consideraban un referente en crítica histórica.

Proyección histórica

La influencia de Zurita es profunda y duradera. Su método inspiró a cronistas posteriores, desde Juan de Mariana hasta los historiadores ilustrados.

En Aragón, su figura es central para entender la construcción de una identidad política basada en la memoria institucional. En España se le reconoce como el primer historiador que aplicó criterios modernos de verificación y análisis.

Su legado no reside solo en los Anales, sino en la idea —vigente— de que la historia debe escribirse con rigor, distancia y respeto por las fuentes.

Zurita hoy

Si imaginamos a Zurita asomándose al presente, es fácil verle levantar una ceja con esa ironía seca de los archiveros que han visto demasiados papeles. Probablemente diría algo así como que las leyes de memoria no están mal… siempre que no pretendan corregir a los documentos.

Y luego, con su flema aragonesa, añadiría que ya pasó media vida ordenando archivos para que la historia hablara por sí misma, no para que nadie la reescribiera a golpe de decreto. Y es que el sanchismo y la progresía no parecen haberse enterado de que golpear la historia es inútil: siempre devuelve el golpe con un documento.

Retrato grabado de Jerónimo Zurita, sentado ante una mesa con un libro abierto y una biblioteca al fondo

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