¿Qué fue la batalla de Tenerife?
La madrugada del 22 al 25 de julio de 1797, en plena guerra anglo‑española, el puerto de Santa Cruz de Tenerife se convirtió en el escenario de uno de los episodios más singulares de la historia naval europea: el intento fallido del contralmirante Horatio Nelson de tomar la plaza y asegurar para Gran Bretaña una base estratégica en el Atlántico.
La operación, concebida como un golpe rápido y decisivo, terminó en una derrota británica que la historiografía reconoce como una rotunda victoria española.
La isla como objetivo estratégico
España, aliada de la Francia revolucionaria desde 1796, se encontraba en tensión abierta con el Reino Unido. La Royal Navy dominaba el mar tras la victoria de San Vicente, y Nelson buscaba un objetivo que compensara la falta de resultados estratégicos.
Tenerife, situada en la ruta atlántica hacia América y África, ofrecía un punto de apoyo ideal. La defensa española, sin embargo, estaba organizada con una mezcla de tropas regulares, marineros y milicias locales bajo el mando del veterano Antonio Gutiérrez de Otero, un oficial experimentado que conocía bien el terreno y la importancia de la coordinación defensiva.
La batalla de Tenerife: ofensiva británica
La escuadra británica, compuesta por cuatro navíos, cuatro fragatas y embarcaciones menores, transportaba cerca de 4.000 hombres. Frente a ella, la guarnición española apenas reunía unos 1.700 defensores, apoyados por una red de castillos, baterías y fortines que protegían la línea de costa. La superioridad material británica era evidente, pero la orografía del puerto y la disposición defensiva española jugaron un papel decisivo desde el primer momento.
El fracaso del asalto
Los primeros desembarcos británicos fueron rechazados por el fuego cruzado de los castillos de San Cristóbal, Paso Alto y San Pedro.
La noche del 24 de julio, Nelson dirigió un asalto frontal con lanchas armadas. En el momento de saltar a tierra, un disparo de metralla alcanzó su brazo derecho, que tuvo que ser amputado horas después. La confusión se extendió entre las tropas británicas, que quedaron dispersas y sin capacidad de reorganización.
Gutiérrez, consciente de su ventaja, ofreció una capitulación honorable que permitía a los británicos reembarcarse con sus armas personales a cambio de abandonar el ataque. Nelson aceptó, reconociendo la firmeza y humanidad del general español.
Una victoria que dejó huella
El resultado fue una victoria española decisiva que frenó la expansión británica en Canarias y consolidó la reputación de Santa Cruz como plaza fuerte atlántica.
Las bajas británicas fueron muy superiores, con más de doscientos muertos y ahogados, además de numerosos heridos y prisioneros, frente a pérdidas españolas mucho menores. El episodio dejó gran huella en la memoria local, hasta el punto de que Santa Cruz recibió el título de Muy Leal, Noble e Invicta Villa, y cada 25 de julio se recuerda la defensa de la ciudad.
La batalla de Tenerife en la historia naval
La batalla de 1797 no solo marcó uno de los pocos fracasos de Nelson, sino que reveló la capacidad de resistencia de una comunidad insular que supo combinar disciplina militar, conocimiento del territorio y cohesión cívica.
En un momento en que el Atlántico era escenario de rivalidades imperiales, la victoria convirtió a Tenerife en un símbolo de defensa eficaz frente a una de las marinas más poderosas del mundo.




