Desconfianza
Microrrelato de Alejandra Pizarnik
Mamá nos habla de un blanco bosque de Rusia: «… y hacíamos hombrecitos de nieve y les poníamos sombreros que robábamos al bisabuelo…».
Yo la miraba con desconfianza. ¿Qué era la nieve? ¿Para qué hacían hombrecitos? Y ante todo, ¿qué significaba un bisabuelo?
Sobre Desconfianza
Reseñamos en su día La última inocencia, uno de sus poemas emblemáticos, y ahora afrontamos un microrrelato como Desconfianza, lo que revela la versatilidad de Pizarnik: capaz de habitar con igual maestría el verso confesional y la prosa mínima, siempre en pos de esa palabra exacta que define su universo fragmentario
Desconfianza capta la extrañeza infantil ante un mundo heredado que se resiste a ser entendido. En tres frases, Pizarnik traza el abismo entre el relato nostálgico de la madre –un bosque nevado ruso, muñecos de nieve con sombreros robados al bisabuelo– y la mirada escéptica de la niña que interroga lo ignoto: la nieve, los juegos absurdos, la genealogía misma.
La condensación es magistral: el blanco bosque evoca un pasado idílico pero inalcanzable, mientras las tres preguntas escalan desde lo material hasta lo existencial, revelando un desarraigo radical. No hay adornos ni explicaciones; el silencio tras el ¿qué significa un bisabuelo? condensa el vacío de una infancia marcada por la ausencia de raíces, potenciada por el contexto del Holocausto que diezmó a la familia de Pizarnik.
El microrrelato funciona como un espejo de su poética: la desconfianza no es solo de la niña hacia las palabras maternas, sino del lenguaje mismo ante la realidad huidiza.
Publicado en 1965 y recogido en Prosa completa, este texto brevísimo ilumina temas obsesivos de su obra –el extrañamiento, la orfandad cultural, el peso de lo no vivido– con una precisión que hiere.
La autora: Alejandra Pizarnik
Alejandra Pizarnik (Avellaneda, 1936 – Buenos Aires, 1972) es una voz paradigmática de la poesía argentina del siglo XX, marcada por la búsqueda incansable de la palabra exacta en un universo de silencios y ausencias.
Hija de inmigrantes rusos judíos, su infancia bilingüe (yidis-español) y la tartamudez alimentaron un desarraigo que impregna su escritura, desde La tierra más ajena (1955) hasta Extracción de la piedra de locura (1968).
Su obra analiza la escisión del yo, la tentación del vacío y la muerte como seducción, con influencias de Rimbaud, Baudelaire y la vanguardia surrealista, pero siempre en un tono confesional y fragmentario que anticipa el minimalismo contemporáneo.
Traductora y crítica, trabajó en la Bibliothèque Nationale de París y colaboró con revistas como Sur, aunque su vida estuvo lastrada por internamientos psiquiátricos y una depresión que culminó en su suicidio con barbitúricos a los 36 años.
Pizarnik trasciende la poesía para habitar el espacio entre verso y prosa, donde textos como Desconfianza revelan su genio para lo brevísimo: un lenguaje depurado que conjura abismos con aparente sencillez, dejando al lector en la intemperie de lo indecible.




