Resulta casi inexplicable que el 2 de enero, fecha fundacional del pilarismo, pase cada año por Zaragoza, Aragón, España y la Hispanidad con una discreción impropia de su peso histórico y simbólico.
2 de enero. La Venida del Pilar
El 2 de enero no es un día cualquiera en Zaragoza, aunque la ciudad lo trate como si lo fuera.
Es la jornada en la que se recuerda la Venida de la Virgen, el episodio que, según la tradición, da origen a la devoción pilarista y, en buena medida, a la identidad espiritual de la ciudad. Sin embargo, esta fecha permanece relegada a un segundo plano, eclipsada por la exuberancia festiva del 12 de octubre y por la inercia de un calendario que ha ido arrinconando lo fundacional en favor de lo multitudinario.
La tradición de la Venida del Pilar
La narración sitúa la Venida en la madrugada del 2 de enero del año 40, cuando la Virgen María habría llegado en vida desde Jerusalén para sostener al apóstol Santiago, desanimado por la escasa acogida de su predicación en Hispania.
En ese encuentro, María habría dejado como signo permanente una columna de jaspe, el pilar que daría nombre a la advocación y que se convertiría en el eje simbólico de la ciudad. La Virgen del Pilar, entendida como origen, patrona y motor espiritual de la Hispanidad, aparece aquí no solo como figura devocional, sino como punto de arranque de un relato que trasciende lo local y lo mundano.
El contraste entre enero y octubre
Mientras el 12 de octubre concentra la visibilidad, la fiesta litúrgica y la proyección internacional de la devoción pilarista, el 2 de enero apunta al núcleo narrativo del que todo procede.
Octubre celebra la advocación consolidada; enero recuerda el momento germinal. La diferencia no es menor: uno es el despliegue festivo, el otro es el fundamento. Que este fundamento pase casi inadvertido revela una cierta amnesia colectiva, quizá comprensible desde la lógica del calendario civil, pero difícil de justificar desde la perspectiva histórica y cultural.
La celebración actual
Hoy, la conmemoración del 2 de enero se vive en Zaragoza con un tono íntimo, casi doméstico, centrado en actos litúrgicos en la Basílica del Pilar. No hay grandes multitudes ni siquiera es jornada festiva, pero una fidelidad silenciosa mantiene viva la memoria del episodio.
Es una fecha que, pese a su discreción, conserva una densidad simbólica que conecta la ciudad contemporánea con su relato fundacional.
La Venida del Pilar. Conclusión
Desde el punto de vista documental, la Venida pertenece al ámbito de la tradición piadosa, no al de la historiografía verificable. Su formulación se consolida tardíamente y se integra en la construcción de la memoria cristiana hispana. Pero su relevancia no depende de la prueba histórica, sino de su función narrativa: el 2 de enero es el capítulo inicial de la tradición pilarista, la escena que explica por qué Zaragoza se articula en torno a un pilar y por qué esa advocación ha irradiado tanto más allá de la ciudad.
Que esta fecha sea prácticamente desconocida no resta fuerza a su papel fundacional; más bien subraya la necesidad de recuperarla en el imaginario colectivo.
¡Viva la Virgen del Pilar! ¡Viva la Virgen de la Hispanidad!




