¿Son lo mismo latinismo y latinajo? ¿Cómo se escriben correctamente? En esta entrega de Dudas razonables (o no) nos adentramos en un recorrido desde los usos latinos de hace siglos hasta las normas de hoy.
El legado que nunca se fue
El español nació del latín, pero no heredó todos sus giros de manera directa. Muchos latinismos —o latinajos, en su versión coloquial— se incorporaron siglos después, sobre todo a través de la tradición jurídica, filosófica, teológica y científica.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, el latín siguió siendo la lengua culta por excelencia, lo que permitió que expresiones como in situ, a priori o grosso modo se mantuvieran vivas incluso cuando el latín ya no era lengua hablada.
Este fenómeno no fue casual: el latín funcionaba como una lengua de prestigio y su uso en textos españoles servía para reforzar autoridad, precisión conceptual o continuidad con la tradición clásica. De ahí que muchos latinismos hayan conservado su forma original, sin adaptación gráfica, como una marca de erudición.
Latinajos
La palabra latinajo surge dentro del propio español como un derivado coloquial y despectivo de latín. El sufijo –ajo se usa desde la Edad Media para formar palabras con matiz peyorativo o burlesco (librajo, versajo). Latinajo sigue ese patrón.
Los diccionarios históricos permiten rastrear su aparición: el Diccionario de Autoridades (1734) ya recoge latinajo con el sentido de latín macarrónico o mal empleado.
Su uso se documenta en textos satíricos y costumbristas del siglo XVIII y XIX, donde se ridiculizaba el abuso de frases latinas por parte de clérigos, juristas o pedantes.
Es decir, latinajo nace como burla hacia el latín mal usado o usado con afectación, no como un término técnico. Con el tiempo, su significado se amplió y hoy puede referirse tanto al latín incorrecto como al latinismo innecesario o pretencioso.
Latinismos. De la tradición a la norma
La Real Academia Española ha ido afinando su postura sobre los latinismos a lo largo de los siglos. En los primeros diccionarios académicos se tendía a castellanizar las expresiones, pero con el tiempo se consolidó la idea de que los latinismos crudos —es decir, sin adaptar— debían mantenerse en cursiva para señalar su carácter foráneo. Esta convención se convirtió en norma general en la ortografía moderna.
La evolución normativa ha ido diferenciando entre los latinismos plenamente integrados —como déficit o currículum, que se escriben en redonda y con las tildes propias del español, inexistentes en el latín— y aquellas expresiones que conservan su forma original por funcionar como locuciones fijas, como modus operandi o ad hoc. La línea que separa ambos grupos no siempre resulta clara y la propia RAE ha incorporado adaptaciones cuando el uso social las ha asentado de manera estable.
Criterios actuales
En la actualidad, la norma distingue con claridad entre latinismos adaptados y no adaptados. Los adaptados se escriben como cualquier palabra española, con tilde si corresponde y sin resaltar tipográficamente. Los no adaptados se mantienen en cursiva, sin tildes y respetando la grafía latina, salvo que se trate de expresiones muy asentadas que la tradición ha castellanizado parcialmente.
El uso de comillas se reserva para contextos en los que no es posible emplear cursiva, como textos manuscritos o sistemas tipográficos limitados. La pronunciación, por su parte, se ajusta al español, incluso cuando la grafía conserva la forma latina, lo que explica que curriculum vitae se pronuncie con acento prosódico español aunque mantenga su estructura original.
Latinismos hoy
En el español actual, los latinismos cumplen funciones diversas:
- En ámbitos técnicos —como el derecho, la medicina o la filosofía— siguen siendo herramientas de precisión conceptual.
- Se utilizan para condensar ideas complejas en fórmulas breves y reconocibles en la divulgación científica y periodística.
- En la literatura y el ensayo, pueden aportar matices de ironía, erudición o distanciamiento.
Sin embargo, también hay un uso afectado o innecesario, especialmente en textos que buscan aparentar sofisticación. La norma no prohíbe estos usos, pero la buena escritura recomienda emplearlos con moderación y solo cuando aportan claridad o exactitud. La tendencia contemporánea, especialmente en la comunicación digital, es reducir su presencia, aunque algunos —como per se o in situ— se mantienen sorprendentemente vigentes.
El futuro de los latinismos
Aunque el español evoluciona hacia formas más transparentes y accesibles, los latinismos no parecen destinados a desaparecer. Su permanencia se debe a su utilidad conceptual, a su tradición histórica y a su capacidad para sintetizar ideas de manera elegante. Es probable que algunos se adapten con el tiempo, como ya ocurrió con ultimátum o memorándum, mientras que otros conservarán su forma clásica por su uso especializado.
La clave de su futuro está en el equilibrio: seguirán siendo parte del español siempre que cumplan una función comunicativa real y no se conviertan en un mero adorno. La norma, como siempre, acompañará la evolución del uso, ajustando la ortografía y la tipografía a las necesidades de los hablantes.




