Del Padre José Velasco conocemos, básicamente, su pertenencia a la Compañía de Jesús y su reputación intelectual dentro de la España ilustrada del siglo XVIII.
Aunque los datos biográficos previos a su ingreso en la orden no están detallados en las fuentes académicas disponibles, su trayectoria posterior permite deducir un origen vinculado a ambientes formativos sólidos, capaces de sostener la fama de sabio y trabajador que le atribuye Alonso Zamora en La Real Academia Española.
Su ingreso en la Compañía de Jesús lo situó en una de las instituciones educativas más exigentes del periodo. Allí, la formación humanística, filológica y teológica era especialmente intensa.
Padre Velasco. Formación y perfil
La formación de Velasco como jesuita implicaba un largo proceso de estudios: gramática, retórica, filosofía escolástica, lenguas clásicas y teología. Esa base explica su solvencia filológica y su capacidad para integrarse en la RAE, institución que en el siglo XVIII buscaba precisamente perfiles capaces de trabajar con rigor en la fijación y depuración del idioma.
Su prestigio intelectual no fue circunstancial: la RAE lo admitió como académico supernumerario el 22 de junio de 1747 y, pocos años después, lo eligió académico de número para ocupar la silla X el 15 de abril de 1751, sustituyendo a Blas Antonio de Nasarre. Ese ascenso rápido dentro de la corporación indica que su competencia era reconocida por sus pares.
Actividades académicas y labor en la RAE
La actividad de Velasco en la Academia fue significativa. En 1764 fue nombrado revisor del Diccionario de autoridades, la obra fundacional de la institución y el proyecto lexicográfico más ambicioso del siglo XVIII.
Ser revisor implicaba un trabajo minucioso: cotejar citas, verificar usos, depurar definiciones y asegurar la coherencia del repertorio. Se trataba de una tarea reservada a académicos de solvencia probada.
Sin embargo, su labor quedó abruptamente interrumpida por un acontecimiento: la expulsión de la Compañía de Jesús ordenada por Carlos III en abril de 1767.
Expulsión, detención y muerte
El relato conservado por la RAE es preciso y dramático. Tras asistir a la junta del 31 de marzo de 1767, Velasco regresó a su casa, donde fue detenido por un alcalde de Casa y Corte. Se incautaron sus libros, papeles y documentos, y fue conducido junto con otros jesuitas —entre ellos el también académico José Carrasco— hacia Cartagena, desde donde embarcaron rumbo a Italia.
El viaje fue penoso. Los jesuitas, hacinados y sin poder desembarcar en ningún puerto, permanecieron en el barco hasta llegar frente a Civitavecchia, en Roma. Allí, José Velasco murió sin haber pisado tierra, víctima de una apoplejía según la información remitida a la Academia por Bernardo de Iriarte y recogida en el acta del 16 de junio de 1767. Su cadáver fue finalmente sepultado en la iglesia parroquial de los dominicos de la localidad.
Padre Velasco. Memoria
La RAE reaccionó con rapidez y solemnidad. Declaró vacante la silla X, que fue ocupada por Juan de Aravaca, y dedicó un funeral al padre Velasco. Reconoció así la pérdida de un académico en quien había depositado grandes expectativas para las labores lexicográficas.
Su muerte en tránsito, sin patria ni casa, simboliza la fractura que la expulsión jesuítica supuso para la vida intelectual española. Velasco encarna una figura representativa: un erudito formado en la tradición humanística jesuítica, integrado en la institución lingüística más prestigiosa del país y arrancado de su labor por una decisión política que truncó carreras, proyectos y vidas.




