La sopa de maní es uno de los platos más emblemáticos de Bolivia, con raíces en la cocina andina prehispánica. Aunque el cacahuete llegó desde la Amazonía y se expandió por los Andes antes de la llegada europea, el nombre maní procede de lenguas caribeñas que los conquistadores adoptaron y difundieron por Sudamérica.
La combinación de un ingrediente amazónico con técnicas culinarias altiplánicas explica por qué este plato es, en esencia, un cruce cultural profundamente boliviano.
Sopa de maní. Ingredientes y preparación
Su base es el cacahuete molido, que aporta una textura cremosa y un sabor inconfundible. A partir de ahí, cada región y cada familia introduce variaciones, pero suelen aparecer carne (generalmente de res o pollo), patatas, verduras como zanahoria y apio, pasta corta frita para darle un toque crujiente y, en ocasiones, hierbas como el perejil o el orégano. La clave está en sofreír el maní molido para liberar su aroma y luego cocerlo lentamente hasta que espese sin perder suavidad.
Consumo nacional e internacional
Aunque se consume en todo Bolivia, tiene especial arraigo en La Paz, Cochabamba y Sucre, donde forma parte de la vida cotidiana y de celebraciones.
En Argentina y Perú hay algunas versiones emparentadas, pero ninguna ha alcanzado la identidad cultural que posee en Bolivia.
En la diáspora boliviana, especialmente en España, Chile y Estados Unidos, la sopa de maní es un símbolo de nostalgia culinaria y un puente emocional con Bolivia.
Evolución
La sopa de maní es el resultado de un proceso colectivo y lento. Surgió de la integración del cacahuete amazónico en la cocina andina, probablemente durante la época colonial, cuando los intercambios entre regiones se intensificaron. Con el tiempo, la receta se refinó y se convirtió en un plato festivo, asociado a la abundancia y al calor del hogar.
Curiosidades
- En algunas zonas se dice que una buena sopa de maní cura el cansancio y hay quienes la consideran un remedio infalible para la resaca.
- Es habitual que los puestos callejeros la sirvan con una porción generosa de patatas fritas encima, un gesto que sorprende a los visitantes pero que los locales defienden como parte esencial.
- Es tradicional prepararla en grandes cantidades para fiestas patronales, donde se convierte en un plato comunitario.
Sopa de maní. Formas y usos
- Se disfruta como plato principal, especialmente al mediodía y suele servirse muy caliente, con la pasta frita crujiente recién añadida para que contraste con la cremosidad del caldo.
- En algunos hogares se acompaña con ají molido para darle un toque picante, mientras que en otros se prefiere más suave y aromática.
- Su versatilidad permite adaptarla a dietas sin carne, sustituyendo la proteína animal por verduras adicionales o legumbres.
Polémicas y debates
Como ocurre con muchos platos tradicionales, la sopa de maní no está exenta de discusiones. Hay quienes defienden que debe llevar carne obligatoriamente, mientras otros reivindican versiones vegetarianas como igual de auténticas.
También se debate el grado de espesor: algunos la prefieren casi como una crema, otros más ligera. Incluso la presencia de pasta frita genera opiniones encontradas, aunque para la mayoría es un sello distintivo que no puede faltar.
Sopa de maní. Tras la cocina
Más que una receta, la sopa de maní es un símbolo de identidad boliviana. Representa la mezcla de culturas, la creatividad culinaria y la importancia de la comida como espacio de encuentro.
Su sabor cálido y su historia mestiza la han convertido en un plato que cuenta una historia de raíces compartidas y afectos transmitidos de generación en generación.
La sopa de maní ya representa a la cocina boliviana en el menú de ¿Qué comemos?




