¿Corcubíon? ¡Corcubión!

¿Corcubíon? ¡Corcubión!

Podría pensarse que una simple tilde es un adorno menor. Pero el caso de la señal de tráfico que grita “CORCUBÍON” (cuando debería decir “CORCUBIÓN”) demuestra, con cierto sabor tragicómico, que una tilde mal colocada puede alborotar pasiones, filólogos, chascarrillos...