Gonzalo Jiménez de Quesada encarna como pocos la paradoja del conquistador letrado: un jurista formado en la península que terminó internándose en la selva americana al frente de una de las expediciones más duras del siglo XVI, fundador de ciudades, polemista incansable y testigo incómodo de su propio tiempo.
Su figura, atravesada por la ambición, la erudición y el desencanto, resume las tensiones de una conquista que avanzó entre la violencia, la incertidumbre y la necesidad obsesiva de justificar cada paso ante la Corona.
Jiménez de Quesada. Orígenes y formación
Gonzalo Jiménez de Quesada nació hacia 1508–1509, en Granada o Córdoba, según las fuentes, aunque ninguna aporta un documento definitivo. Procedía de una familia de judíos conversos dedicada al comercio de paños y se formó como jurista en Granada, donde adquirió la sólida educación humanista que más tarde marcaría su obra escrita.
Antes de embarcarse hacia América ejerció como abogado y ese perfil le valió el nombramiento de veedor y teniente de gobernador en la provincia de Santa Marta, en la costa norte de Sudamérica.
Expedición al interior y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada
En 1536, sin experiencia militar, encabezó una de las expediciones más duras de la conquista: la marcha desde Santa Marta hacia el interior siguiendo el río Magdalena, con unos 900 hombres al inicio del viaje.
La travesía fue devastadora: enfermedades, hambre y combates redujeron la expedición a una fracción de su tamaño original. Aun así, Jiménez de Quesada logró alcanzar el altiplano cundiboyacense, territorio del pueblo muisca, uno de los grandes focos culturales de la región andina. Allí consolidó el dominio español y, en 1538, fundó Santafé de Bogotá, futura capital del Nuevo Reino de Granada y actual capital de Colombia.
Gobierno, tensiones y retorno a España
Tras la conquista, ejerció como gobernador del Nuevo Reino de Granada entre 1539 y 1541, aunque su autoridad fue pronto disputada por la llegada de otras expediciones rivales, como las de Sebastián de Belalcázar y Nikolaus Federmann, que reclamaban derechos sobre los mismos territorios.
Para defender sus méritos y obtener reconocimiento oficial, Jiménez de Quesada regresó a España, donde litigó durante años ante el Consejo de Indias. Finalmente recibió el título de adelantadodel Nuevo Reino de Granada en 1565, aunque nunca obtuvo el poder efectivo que había buscado.
Últimos años y expedición a El Dorado
En la madurez, emprendió una nueva y fallida expedición en busca de El Dorado, entre 1569 y 1572, que terminó en desastre: perdió a la mayoría de sus hombres y regresó enfermo y empobrecido. Pasó sus últimos años en Suesca y luego en Mariquita, donde murió el 16 de febrero de 1579.
Jiménez de Quesada, escritor y cronista
A diferencia de muchos conquistadores, Jiménez de Quesada dejó una obra literaria notable. Es autor del Antijovio, una refutación humanista contra el historiador Paolo Giovio, y de Los ratos de Suesca, además de varias cartas y memoriales que combinan erudición jurídica, observación etnográfica y defensa de su actuación en América.
Su estilo, culto y combativo, le valió apodos como El Quijote de la Conquista o El Licenciado, reflejo de su singular mezcla de soldado, jurista y polemista.
Legado y controversias
Jiménez de Quesada es recordado como el fundador de Bogotá y uno de los principales conquistadores del territorio que sería Colombia.
Su figura, sin embargo, está atravesada por las contradicciones propias de la conquista: la dureza de sus campañas, la ambición personal, la compleja relación con los pueblos indígenas y la disputa constante por el reconocimiento de sus méritos.
Su legado combina la fundación de ciudades y estructuras coloniales con una obra escrita que permite entender, desde dentro, la mentalidad de un conquistador culto y obsesionado por justificar su papel en la historia.




