Jerónimo de la Escosura (X)

enero 30, 2026

Jerónimo de la Escosura nació en Oviedo el 19 de diciembre de 1774, en un entorno que pronto lo orientó hacia la carrera de las armas.

Con apenas dieciséis años ingresó como cadete en el Regimiento de Infantería de Asturias, iniciando un recorrido militar que marcaría su juventud y su primera madurez. Su bautismo de fuego llegó en la guerra del Rosellón (1793‑1795), de la que regresó con el grado de subteniente. Dos años después ascendió a teniente y pasó a la Academia Militar de Zamora, donde ejerció como maestro de cadetes entre 1799 y 1805.

Aquellos años consolidaron su disciplina, su vocación de estudio y su capacidad para la docencia, rasgos que más tarde reaparecerían en su obra escrita.

Jerónimo de la Escosura, militar

Destinado en Madrid cuando las tropas napoleónicas ocuparon la ciudad en 1808, Escosura tomó las armas para defender a la población civil. Su resistencia le valió el apresamiento por parte de los franceses, aunque logró escapar y llegar a Sevilla.

Allí desempeñó el cargo de agente fiscal del Consejo Supremo de Guerra, y en 1811 fue nombrado secretario general de los Cuerpos del Ejército bajo las órdenes del general Castaños. Su trayectoria militar, marcada por la lealtad y el servicio, culminó al finalizar la contienda, cuando decidió abandonar definitivamente las armas.

Transición a la vida civil

Concluida la guerra, Escosura se volcó en la vida administrativa y cultural. Ocupó diversos puestos civiles y ejerció como censor teatral en los años en que se representaban las comedias de Bretón de los Herreros y Antonio García Gutiérrez.

Su labor como censor lo situó en el centro de la vida escénica madrileña y lo vinculó a los debates literarios del momento. En ese ambiente trabó amistad con figuras destacadas del liberalismo intelectual, como Juan Nicasio Gallego y Manuel José Quintana, ambos académicos y poetas prerrománticos. Ese círculo reforzó su inclinación hacia la escritura, que desarrolló con mayor intensidad en su madurez.

Su obra

Escosura cultivó diversos géneros con una dedicación constante. Escribió piezas dramáticas como Mauricio (1839) y A mal tiempo buena cara (1852), obras que reflejan su conocimiento del teatro y su sensibilidad para la escena.

Elaboró también tratados de historia —de Roma, de España y de Grecia— que se utilizaron como manuales en institutos de enseñanza secundaria, lo que evidencia su vocación pedagógica y su capacidad de síntesis.

Su faceta como traductor alcanzó especial reconocimiento con la versión del Tratado de las máquinas de vapor (1831), del ingeniero inglés Thomas Tredgold, una obra técnica que Escosura trasladó al español con solvencia y claridad.

Jerónimo de la Escosura en la RAE

Su relación con la Real Academia Española se inició en 1843, cuando fue admitido como académico honorario. Al año siguiente, en 1844, ingresó como académico de número al ocupar el asiento X, vacante desde la muerte de Joaquín Lorenzo Villanueva, consolidando así su presencia en la corporación.

Su perfil —militar retirado, estudioso constante, hombre de carácter sosegado— encajaba en la tradición académica de la época, que valoraba la erudición, la prudencia y el compromiso con la lengua. En 1847 amplió su actividad institucional al ingresar también en la Real Academia de la Historia, lo que confirma el reconocimiento que había alcanzado en los ámbitos literarios y eruditos.

Escosura permaneció en la RAE hasta su muerte, en Madrid el 11 de noviembre de 1855. Su paso por la corporación se caracterizó por la discreción y la constancia, rasgos que la propia Academia subrayó al describirlo como un hombre de personalidad sosegada, callada, estudiosa.

Su legado combina la experiencia militar, la labor administrativa, la actividad teatral y la producción intelectual, un conjunto que lo sitúa como una figura representativa de la transición entre el mundo ilustrado y el liberalismo moderado del siglo XIX.

Portada de la obra Compendio de la Historia de Roma de Jerónimo de la Escosura, edición de 1834

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