Estómago sí, cerebro no

marzo 11, 2025

A diferencia del estómago, el cerebro no avisa cuando está vacío, más que un refrán es un dicho popular, una expresión, aunque como creemos que se comporta de modo similar, lo incluimos, sin precauciones, en nuestro Refranero particular.

Parece que estamos ante un proverbio difundido en diversas culturas, y atribuido al mundo árabe. Esta expresión resalta la idea de que, mientras el estómago envía señales claras de hambre cuando está vacío, el cerebro no proporciona una alerta similar cuando carece de estímulos o información.

El estómago tiene mecanismos fisiológicos que indican la necesidad de alimento, como la producción de hormonas que generan la sensación de hambre. Por ejemplo, la grelina, conocida como la hormona del hambre, aumenta antes de las comidas y disminuye después de comer. Además, el estómago vacío produce contracciones que pueden causar ruidos audibles (borborigmos) y una sensación de vacío.

En contraste, el cerebro no cuenta con un sistema equivalente para señalar su vacío intelectual o emocional. Esto lleva a situaciones en las que las personas descuidan su bienestar mental o emocional, ya que no reciben señales evidentes de que necesitan nutrirse de conocimiento o experiencias.

Estómago y cerebro

Pese a lo anterior, el cerebro sí muestra signos de hambre intelectual, aunque estos son más sutiles y fáciles de ignorar:

  • Aburrimiento. Es una señal de que el cerebro necesita estimulación.
  • Dificultad para concentrarse. Puede indicar la necesidad de nuevos desafíos mentales.
  • Irritabilidad o inquietud. A veces, estos estados emocionales surgen de una falta de estimulación mental.
  • Búsqueda compulsiva de distracciones. Puede ser un intento del cerebro de llenar un vacío intelectual.

Este proverbio invita a reflexionar sobre la importancia de cuidar tanto del cuerpo como de la mente, sugiriendo que debemos estar atentos a nuestras necesidades intelectuales y emocionales, así como lo estamos con las físicas.

Formas de alimentar el cerebro

  • Lectura regular.
  • Aprendizaje de nuevas habilidades.
  • Resolución de problemas y rompecabezas.
  • Conversaciones estimulantes.
  • Exposición a nuevas experiencias y culturas.
  • Práctica de la meditación…

Es decir, aunque el cerebro no grite cuando está hambriento de conocimiento, es crucial reconocer las señales de esta necesidad y actuar en consecuencia para mantener una mente sana y activa. A no ser que queramos, como parece, seguir embrutecidos y manteniendo así a todos los que causan, fomentan y cultivan nuestro hambre.

El estómago sí, el cerebro no

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