Honradez y honestidad

agosto 26, 2024

 

¿A que parece que la honradez se ha difuminado en nuestra sociedad? Ya no solo por ser una virtud que ha caído en desgracia, especialmente en el ámbito político (con escasas excepciones) sino, porque en el lenguaje cotidiano (influido, sin duda, también por los políticos y los medios de comunicación) el término honradez ha sido vapuleado y sustituido por honestidad.

Pero es lo mismo, me dirán. Pues no. Las dos primeras acepciones de honesto en el DRAE son: decente o decoroso y recatado, pudoroso, lo que nos da una buena pista.

Recuerdo al catedrático de Derecho Penal, don José Cerezo Mir, que nos decía a los estudiantes que lo que entonces se llamaban delitos contra la honestidad eran los cometidos de cintura para abajo, mientras que la honradez la situaba de cintura para arriba, lo que es perfectamente comprensible.

Honradez, sin embargo, significa rectitud de ánimo e integridad en el obrar, siendo la honestidad el séptimo sinónimo que cita la RAE. Por delante van: integridad, dignidad, honorabilidad, nobleza, decencia y rectitud.

Así, honestidad es lo mismo que honradez pero muy cogido por pinzas y, desde luego, utilizar un término por otro es un crimen contra los matices y la riqueza de nuestro idioma. Pero para crímenes los que cometen esos que presumen de honestos y no son ni una cosa ni otra. ¿Verdad, Tito Berni, Ábalos y Sánchez? Solo por poner unos ejemplos, claro.

En definitiva, no lo duden. No es razonable esta duda. Honradez va por un camino y honestidad por otro.

NOTA. Encontramos una segunda entrega en Merecemos honradez. Les invitamos a su lectura.

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