La paloma

abril 5, 2025

Juan Meléndez Valdés

La paloma, de Juan Meléndez Valdés

 

Suelta mi palomita pequeñuela,
y déjamela libre, ladrón fiero;
suéltamela, pues ves cuánto la quiero,
y mi dolor con ella se consuela.

Tú allá me la entretienes con cautela;
dos noches no ha venido, aunque la espero.
¡Ay!, si esta se detiene, cierto muero;
suéltala, ¡oh crudo!, y tú verás cuál vuela.

Si señas quieres, el color de nieve,
manchadas las alitas, amorosa
la vista, y el arrullo soberano,

lumbroso el cuello, y el piquito breve…
mas suéltala y verásla bulliciosa
cuál viene y pica de mi palma el grano.

Sobre La paloma

Hoy incorporamos al Poemario esta obra, tradicionalmente atribuida a Juan Meléndez Valdés aunque sin confirmación definitiva. Constituye una joya de la poesía neoclásica española, desplegando todas las características fundamentales del estilo melendeciano: la perfección formal, el erotismo sutilmente velado y los motivos pastoriles tan caros a la tradición anacreóntica.

La estructura métrica sigue el esquema ABBA ABBA CDE CDE, aunque presenta algunas irregularidades llamativas en la silabación que han llevado a cuestionar su autoría. Particularmente destacable es el verso décimo, que se extiende a doce sílabas – lumbroso el cuello, y el piquito breve -, una libertad métrica poco habitual en Meléndez Valdés, conocido por su rigor formal.

La minuciosa descripción física de la paloma —el color de nieve, manchadas las alitas, amorosa la vista, el arrullo soberano— sugiere una metáfora del cuerpo amado, recurso característico de Meléndez Valdés. Particularmente revelador resulta el verso final, donde pica de mi palma el grano, imagen que en la poesía rococó solía simbolizar el encuentro amoroso con ese erotismo sutil que tanto cultivó el autor extremeño.

El contexto literario de este soneto lo relaciona directamente con la producción más característica de Meléndez Valdés. Su lenguaje melifluo, el empleo de hipérbatos como suéltamela, pues ves cuánto la quiero, y especialmente el uso de la paloma como mediadora erótica entre los amantes, encuentran perfecto paralelo en su obra confirmada.

Sin embargo, persisten serias dudas sobre su autoría. Estudios recientes sugieren la posible atribución a Vicente Martínez y Colomer. Las irregularidades métricas señaladas, junto con la ausencia del poema en las ediciones críticas de Meléndez Valdés, alimentan estas reservas. No obstante, más allá de cuestiones atributivas, el valor literario del soneto es indudable. Representa ese momento de transición en la poesía española donde conviven el refinamiento formal del rococó con la intensidad emocional que anunciaba el prerromanticismo.

Desde el punto de vista temático, el poema desarrolla el tópico del impedimento amoroso, simbolizado por ese ladrón fiero que retiene a la mensajera. La angustia del yo lírico —¡Ay!, si ésta se detiene, cierto muero— introduce una intensidad  que trasciende el simple juego literario, anticipando el subjetivismo romántico.

El lenguaje, aparentemente sencillo, esconde un elaborado artificio retórico. El uso de diminutivos, epítetos y esa construcción sintáctica que va acumulando características de la paloma, revelan una conciencia artística muy desarrollada. La musicalidad del verso muestra ese dominio del ritmo que caracterizaba a Meléndez Valdés.

Sea o no de Meléndez Valdés, el soneto representa un ejemplo de la lírica dieciochesca española. Su estudio permite apreciar la evolución de la poesía neoclásica hacia formas más personales y emotivas, manteniendo ese equilibrio entre tradición e innovación.

Sobre Juan Meléndez Valdés

Por limitaciones de espacio, les remitimos a nuestras efemérides del 11 de marzo, donde encontrarán más detalles sobre la vida y obra de Meléndez Valdés.

 

Juan Meléndez Valdés falleció en Montpellier (Francia), el 24 de mayo de 1817, a los 63 años de edad.

La paloma, de Juan Meléndez Valdés

Artículos relacionados

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

Cesare Pavese Vendrá la muerte y tendrá tus ojos Vendrá la muerte y tendrá tus ojos -esta muerte que nos acompaña de la mañana a la noche, insomne, sorda, como un viejo remordimiento o un vicio absurdo-. Tus ojos serán una vana palabra, un grito acallado, un silencio....

leer más
Bendita la eternidad

Bendita la eternidad

Francisco Morales Lomas Bendita la eternidad   Bendita la eternidad si la protege tu cuerpo si la edifican tus labios si tu pensamiento la crea y enaltece. Bendita la eternidad en los goznes de tus brazos en los callejones de tus venas y en ese rictus de garza...

leer más
Rostros del enigma

Rostros del enigma

Ana Ilce Gómez Rostros del enigma   El tiempo es ese pequeñísimo espacio entre vos y yo. Igual que una hoja de gillette que tiene dos caras y ese único borde donde comienza el universo.   Sobre Rostros del enigma Apareció publicado por primera vez en 2002....

leer más