Bonhomía: virtud olvidada

Es habitual en nuestra sección Rescatando palabras olvidadas que analicemos vocablos que, en la práctica están en desuso pero que su concepto, su significado real sea común en el día a día (así ocurre con behetría, sofistería, facundo o aporía, por poner solo algunos ejemplos recientes). Veamos qué sucede con bonhomía.

El caso de bonhomía es muy diferente, ya que no se usa el término, pero tampoco el concepto, lo que es mucho más grave. Y, para comprenderlo, nada mejor que hacer un breve análisis.

Bonhomía. Etimología

La palabra bonhomía proviene del francés bonhomie, que a su vez deriva de bonhomme, compuesto por bon (bueno) y homme (hombre). Este término se utilizó en francés desde el siglo XVIII y lo adoptó la lengua española en el Diccionario manual e ilustrado de la lengua española, de la RAE de 1927. Sin embargo, diez años antes ya se había consignado la palabra en el Diccionario de la Lengua Española, del académico José Alemany y Bolufer.

Bonhomía. Significado

Se define en el actual diccionario oficial como la afabilidad, sencillez, bondad y honradez en el carácter y en el comportamiento de una persona.

Es una característica que refleja la tendencia natural de una persona a ser amable, sencilla, buena y honrada en su trato con los demás. Es una cualidad que enriquece las relaciones humanas y contribuye al bienestar colectivo.

Sin embargo, también se sugiere que puede implicar cierta ingenuidad, ya que una persona excesivamente buena puede ser vista como alguien que no percibe la maldad o las segundas intenciones de otros, lo que podría llevarla a ser engañada o aprovechada.

La bonhomía debe entenderse como una cualidad que va más allá de la simple bondad. Es una manifestación de la integridad moral y humana que se refleja en acciones cotidianas y en la disposición a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. La bonhomía implica, además, una visión positiva de la vida, donde la persona elige actuar con generosidad y comprensión hacia los demás, incluso en circunstancias difíciles.

En el contexto social y cultural de hoy, si se practicase realmente la bonhomía se vería como un antídoto contra la indiferencia y el cinismo que suelen caracterizar las relaciones actuales. Es una invitación a reconectar con los valores humanos fundamentales y a promover una sociedad más empática y solidaria. Pero no con palabras sino con hechos.

Anécdota

Adolfo López Mateos fue presidente de México desde el 1 de diciembre de 1958 al 30 de noviembre de 1964. Se le recuerda por su carisma y su capacidad oratoria, así como por su amor por la literatura y otras manifestaciones artísticas.

En relación con la bonhomía, se describe que en los primeros años de su vida, López Mateos descubrió sus aficiones: la oratoria, la caminata, los amoríos; en general, la bohemia y la bonhomía. Y parece que fueron su don de gentes, su bonhomía y su carácter afable los factores que más le ayudaron a abrirse camino en la política hasta llegar a la presidencia de su país.

Adolfo López Mateos

Artículos relacionados

Centón: arte y engaño

Centón: arte y engaño

Repasando nuestro archivo para elaborar otro artículo en hablarydecir, descubrimos que un famoso escritor del siglo XVIII decía sobre otro colega contemporáneo suyo, que era un acumulador y embalador de centones. Los nombres no los citaremos pero el comentario que nos...

leer más
Encomendero: uno y otro

Encomendero: uno y otro

Encomendero procede directamente de encomienda, institución central del sistema colonial hispánico. El sustantivo deriva del verbo encomendar, del latín in commendāre, poner bajo cuidado de alguien. El sufijo -ero no es ornamental: designa al sujeto que ejerce una...

leer más
Behetría: del latín al caos

Behetría: del latín al caos

Es behetría otra de esas palabras que prácticamente habitan en el baúl de los olvidos y ese baúl es más bien un cofre herméticamente sellado, cerrado a cal y canto. Cuando analizamos su significado nos preguntamos: ¿y por qué habrá dejado de utilizarse?, ¿será que el...

leer más