Cohonestar

Proviene del latín cohonestāre y el diccionario oficial de la RAE indica sus dos acepciones:

  1. Dar apariencia de justa o razonable a una acción que no lo es. Por ejemplo, cuando alguien intenta justificar un acto incorrecto o inmoral para hacerlo parecer aceptable.
  2. Hacer compatibles dos o más cualidades, actitudes o acciones. Se refiere a la acción de hacer que diferentes elementos o ideas que parecen contradictorios puedan coexistir o trabajar juntos de manera armoniosa.

Es un verbo transitivo y su conjugación sigue el patrón regular de los verbos terminados en -ar. Por ejemplo, en presente del indicativo se conjuga como yo cohonesto, tú cohonestas, él cohonesta, etc.

Ejemplos de uso de este verbo son:

  • El político intentó cohonestar sus decisiones controvertidas con una serie de explicaciones poco convincentes.
  • Para cohonestar su tardanza, presentó una excusa que nadie creyó.
  • Es difícil cohonestar la necesidad de austeridad con el aumento del gasto público.
  • El autor busca cohonestar la realidad con la ficción en su novela.

En la literatura

Benito Pérez Galdós, en su artículo Niñerías, utilizó este término: Ahora tengo que cohonestar mi oficiosidad con unas cuantas lisonjas que voy a dirigirte. Esta frase refleja el uso del término en el contexto de justificar o dar apariencia de justicia a una acción.

En la actualidad

Cohonestar es una palabra que ni se pronuncia ni se escribe, solo se practica. Sobre la primera de las acepciones (aparentar que es justo lo que no lo es), poco debemos hablar en términos teóricos. Es suficiente con abrir los ojos y mirar lo que está pasando. Así, a modo de ejemplo, cuando alguien se hace pasar por catedrática sin serlo, está cohonestando porque aparenta ejercer algo que no es propio de sí misma. Pero más, si cabe, cohonestan quienes defienden esas actitudes y, además, aprueban leyes con claros objetivos injustos y nada razonables, como muy bien lo proclamaban hace solo unos meses atrás.

La pena es que tengamos que rescatar a la palabra mientras el concepto vive sin ataduras y extendiéndose sin cesar.

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NOTA 2: Relacionado con este artículo, pueden leer, además Bulos y fango, Posverdad y Sesgo.

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