Es comprensible que muchos profesionales duden sobre si deben usar naming cuando escriben en español. El término aparece en manuales, cursos y agencias, y su presencia constante puede hacer pensar que es imprescindible o que no existe una alternativa adecuada en nuestra lengua. Sin embargo, esa impresión es engañosa. La confusión nace de la inercia con la que importamos anglicismos del marketing, no de una carencia real del español.
Precisamente por eso conviene aclararlo desde el principio: la duda es razonable, pero la respuesta es inequívoca.
El origen de naming en inglés
El término naming procede del inglés empresarial y designa el proceso profesional de creación de un nombre para una marca, un producto o una empresa.
En ese contexto, naming no es un tecnicismo aislado, sino una pieza más de un sistema conceptual propio del marketing anglosajón. En inglés, el término funciona porque pertenece a un ecosistema terminológico coherente y asentado.
La llegada del anglicismo al español
Cuando naming empezó a circular en español, lo hizo como tantos anglicismos del sector: sin traducción, sin adaptación y sin necesidad real.
Se adoptó como si conservar el inglés aportara prestigio profesional, cuando en realidad el español ya disponía de expresiones claras y precisas para referirse al mismo proceso. El resultado fue un préstamo innecesario que se instaló más por moda que por rigor.
Por qué su uso es un error
El empleo de naming en textos en español introduce opacidad, rompe la coherencia del discurso y transmite una falsa sensación de tecnicismo. Un lector no especializado no tiene por qué conocer el término y un texto bien escrito no debería exigir traducciones mentales.
Además, su uso sugiere erróneamente que el español carece de recursos para describir procesos creativos o estratégicos, lo cual es sencillamente falso.
El término adecuado
El equivalente natural y preciso de naming en español es creación de nombres, o, en contextos más formales, denominación de marca.
Ambas expresiones son transparentes, comprensibles y plenamente válidas en nuestra tradición lingüística. No existe ningún matiz conceptual en naming que estas fórmulas no puedan cubrir. Usar el anglicismo no aporta claridad ni especialización: solo introduce ruido y dependencia innecesaria del inglés.
Conclusión: naming a la papelera
El término naming tiene sentido únicamente dentro del inglés y de su marco conceptual. En español, es un anglicismo (papanatismo, más bien) superfluo que oscurece el mensaje y empobrece la comunicación.
La conclusión es firme y editorialmente inequívoca: no debe utilizarse naming en español. La lengua dispone de alternativas precisas, limpias y profesionales. Usarlas no solo es correcto: es una obligación para quien aspire a escribir con claridad y rigor.




